sábado, octubre 09, 2004

El "Politijuez"

Baltasar Garzón, Juez de la Audiencia Nacional y ex - político de lance o fortuna, combatiente contra ciertas corrupciones y ex - candidato de un partido pródigo en otras, azote de Dictadores extranjeros y ex - ninfa egeria de reyezuelos patrios, ha dicho una serie de cosas en un foro mejicano, cosas de las que nos da cuenta el periódico Reforma.

Como no podía ser de otra manera, Garzón ha hablado sobre Irak. Irak no se le cae de la boca a la progresía internacional. No escucharemos a progre alguno hablar de las matanzas y deportaciones de Darfur, que en estrictos términos cuantitativos superan, en proporción de 10 a 1, a las padecidas en Irak; claro, que como en Darfur los verdugos son islamistas y las víctimas son cristianos, no representa una causa atractiva para que los progres tomen la pancarta y demuestren su profundo sentido de la humanidad, sino más bien para que se escondan debajo de las piedras.

Tampoco ha sacado el Politijuez a relucir la espantosa ola de atentados en Rusia, incluido el mega asesinato de Beslán, donde las tiernas vidas de numerosos niños fueron segadas por fanáticos integristas islámicos. En este asunto, la izquierda está todavía más desorientada que en el anterior, porque los autores materiales de las matanzas son musulmanes, y la vaga justificación política que pueden esgrimir para la comisión de sus masacres es la causa nacionalista chechena, que tiene su origen en el expansionismo imperialista soviético de la época comunista; así que los progres, como no ven la forma de echarle la culpa a los Estados Unidos, andan muy perdidos con este asunto.

No. El politijuez, haciendo alarde de prudencia, ha tirado por el mismo lado que todos sus conmilitones y ha hablado de Irak. "En Irak", ha dicho, "no había organizaciones terroristas, pero lo cierto es que ahora hay más de 30". La observación no puede ser más brillante; me recuerda Garzón a un amigo mío, que cuando veía un cenicero lleno de colillas rápidamente afirmaba: aquí han fumado. Olvida, sin embargo, el perspicaz magistrado que en Irak, en el tiempo anterior a la guerra, sí que existía una organización terrorista: el propio gobierno de Sadam Hussein. El mismo que provocó la muerte de docenas de miles de compatriotas suyos kurdos o chiítas, por medio de una vasta campaña de purgas que abarcó al menos los 20 últimos años de su supremacía. De hecho, esas 30 organizaciones terroristas de las que el juez levanta acta con rigor de contable no son más que el resultado de la fragmentación de esa única gran banda que era el gobierno de Sadam y quienes lo apoyaban y se beneficiaban de él. Ahora, nostálgicos y deseosos de recuperar sus antiguos privilegios, construidos sobre el sufrimiento, la opresión y el desprecio de sus compatriotas, pretenden recuperarlos empleando los mismos procedimientos que empleaban antes de la guerra: el asesinato, la extorsión, el secuestro y el atentado. Sucede que ahora ya no obran con impunidad, ni lo hacen desde la segura plataforma del poder tiránico; ahora, enfrente, tienen tropas entrenadas y capaces, y tienen también un vacilante pero legítimo gobierno empeñado en la tarea de instalar en su zamarreado país una democracia que restaure los derechos, brutalmente arrebatados por Sadam y sus adláteres, de sus ciudadanos. Y he aquí un ejercicio que proponemos al esforzado juez contable: que cuente el número de democracias que existían en Irak antes y después de la guerra. Hallará Garzón que antes no había ninguna, y que ahora, bien que embrionaria y sometida a todo tipo de amenazas, hay una.

"La respuesta al terrorismo no pueden ser la de la guerra ni los ataques preventivos", ha añadido el politijuez, "sino la de la cooperación a todos los niveles". Decía Larra que existen ciertas palabras que son buenas porque no significan absolutamente nada, y sirven para tener en pie cualquier discurso. Qué duda cabe que “cooperación” es una de esas palabras. Basta que uno diga en voz bien alta, con contundencia, la palabra “cooperación” para que la audiencia le tenga por hombre comprometido, humano, progresista y solidario. Añadir prosaicamente aquello en lo que se quiere cooperar materialmente ya resultaría de mal gusto, algo así como el grito disonante del niño famoso del cuento de Andersen, que les amargó la fiesta a todos señalando, sin el menor tacto, que el Emperador iba en pelotas.

Pero claro, al final, por poco poético que resulte, se coopera para conseguir algo. Hay cosas que se hacen en solitario (como escribir un poema o jugar al golf) y otras para las cuales es necesaria la cooperación de varios (como escribir una enciclopedia o jugar al baloncesto). ¿A qué cosas se referirá Garzón cuando dice que hay que cooperar para derrotar al terrorismo? Salvo que piense el Politijuez que la cooperación por sí misma, cualquier cooperación, es suficiente para alcanzar tan necesario y dificultoso fin y, así, considere que jugar al baloncesto nos acerca a la derrota final del terrorismo, puesto que jugar al baloncesto es una forma de cooperación; o construir un granero, como en esa película tan bonita donde todo un pueblo se afana, con Harrison Ford a la cabeza y en franca cooperación, por levantar un granero a una pareja de recién casados. Nada tendría de extraño que pensase eso el Politijuez: al fin y al cabo, el Presidente del Gobierno ha dicho el otro día ante la Asamblea de Naciones Unidas que para combatir el terrorismo es más efectivo potenciar la igualdad entre los sexos que emplear la fuerza.

Otros más pesimistas o menos utópicos creemos que para derrotar al terrorismo hace falta cooperación, sí, pero cooperación para luchar contra él del modo más decidido y contundente, con la fuerza de las armas legítimamente depositadas en manos de los ejércitos por la voluntad democrática de los pueblos, y empleando dichas armas, naturalmente, para contrarrestar las de los terroristas, para derrotarles con ellas, para derrotarles por completo. Y es que no, magistrado, no es cierto eso que dice usted de que "no podemos perder el límite, porque si lo traspasamos somos igual que ellos, bajo el argumento de que estamos salvando al mundo". Primero, porque salvar al mundo no parece precisamente un propósito de importancia menor. Y, segundo, porque cuando usted, o alguno de sus compañeros de profesión, provisto para ello de la fuerza coactiva que la Ley le pone en la mano, envía a la cárcel a un ciudadano acusado y condenado por haber cometido un crimen, no se convierte usted en otro criminal, en alguien “igual que él”; por el contrario, al obrar de ese modo, está usted ejecutando el mandato que la sociedad libre ha puesto en sus manos, y que usted desempeña en su nombre y representación para la defensa del bien común. De igual modo, las sociedades libres que combaten con la fuerza de sus ejércitos al terrorismo no se convierten en “lo mismo que ellos”, sino en su imprescindible contrapunto, y en la última barrera que defiende nuestra forma de vida (la democracia, la libertad) frente a quienes viven instalados en el proyecto de hacerla pedazos.

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posted by Freelance at 10:09:00 p. m.