sábado, octubre 16, 2004

El voto, patrimonio de la Izquierda

Ayer nos desayunamos con la noticia de que un grupo de autodenominados votantes comprometidos han puesto en marcha un sitio web con el que pretenden recolectar firmas y convencer a Ralph Nader para que abandone la carrera electoral. Las razones que esgrimen los propietarios del sitio están bastante manidas y forman ya parte de la iconografía progre (permitir la reelección de Bush es “supeditarse a las grandes empresas, a los beneficios derivados de la guerra, a la degradación del medio ambiente, a la alienación de las mentes”, etc.), pero serían, en todo caso, mensajes perfectamente legítimos a no ser por el medio que los ingeniosos y comprometidos votantes están utilizando: piden a los lectores de su página que hagan un donativo a la ONG de Nader, “Public Citizen”, pero sólo si abandona la carrera electoral. Es decir, los dueños del sitio web chantajean sin ningún rubor a Nader para que renuncie a su derecho

Las verdaderas razones por las que estos votantes comprometidos han corrido a chantajear a Nader con una medida tan rastrera están perfectamente claras: según algunas estadísticas manejadas por medios afines (*) a Kerry, el concurso de Nader puede decantar las presidenciales del mes que viene a favor del actual presidente en no menos de nueve estados en los que Bush y Kerry aparecen prácticamente empatados. Ante esta situación, a los progres de RalphPlease.com no se les ocurre otra cosa que presionar con un torpe chantaje a un ciudadano americano para que deje de ejercer un derecho que le corresponde, y que es muy libre de ejercer.

La verdad es que este nuevo acto de patrimonialización del voto por parte de sectores de la izquierda no nos sorprende. Hace unos días, ese saltimbanqui oportunista de Michael Moore afirmaba que “si no gana Kerry estaremos condenados”; es decir, el libre ejercicio del voto puede acarrear la maldición, según el astuto Moore.

En España también hemos tenido numerosas muestras de actitudes semejantes o incluso peores. Aún no hemos olvidado cómo uno de los más conspicuos titiriteros de cámara del PSOE, el Gran Wyoming, declaraba después de las elecciones del 14 de marzo que "la democracia hubiera triunfado ganara quien ganará, excepto los que estaban", negando pues virtualidad democrática a los votos de casi once millones de españoles. Otro caso significativo fue el de José María Mendiluce, cuya candidatura al Ayuntamiento de Madrid (¡se presentaba por los verdes!) fue objeto de terribles presiones, al más puro estilo estalinista, por parte de la banda de “intelectuales contra la guerra”, e incluso Mariano Barroso y Joaquín Sabina llegaron a amenazarle, durante un acto público, diciéndole que “sólo le dejarían subir al estrado de los oradores si era para decir que retiraba su candidatura”. Y todo ello porque determinadas encuestas dictaminaban que Mendiluce podía aglutinar veinte o treintamil votos que los titiriteros afines al PSOE consideraban “propiedad” de la candidatura de Trinidad Jiménez.

Esa visión patrimonial de los votos, que es en realidad una visión patrimonial del poder y su usufructo, sólo puede comprenderse desde una concepción profundamente totalitaria de la política. La izquierda demuestra una vez más que no cree en la democracia, y que está dispuesta a saltar por encima de cualquier consideración para obtener un poder que, según su peculiar ordenamiento, le corresponde mesiánicamente, por una suerte de derecho natural. Si Ralph Nader cede al chantaje, no sólo no estará ayudando a “limpiar” la política americana (como afirman cínicamente quienes le chantajean), sino que estará echándole una palada de tierra encima a la democracia, en América y en el mundo. Nader tiene tanto derecho a constituirse en candidato como Kerry o Bush, o como lo tuvo Mendiluce en Madrid. Se supone que todos ellos se juzgan en condiciones de decir algo al electorado, de aportar sus propuestas de acción política dentro del mecanismo democrático, y aquellos votantes que les escojan no estarán “robando votos” a nadie, sino que estarán ejecutando su derecho a elegir la opción que más adecuada les parezca. Como el pobre Mendiluce hubo de recordarles a los enfurecidos pacifistas de izquierdas que le coaccionaron, “los votos no pertenecen a los partidos, sino a las personas”.

Parece obvio que ese postulado tan simple y democrático no cuadra con las aspiraciones totalitarias de la izquierda: siendo los votos la llave imprescindible para acceder al poder en las democracias, saben que el primer paso para usufructuar el poder consiste precisamente en apropiarse de ellos.
(*) Puede leerse la misma noticia, en abierto, en Chron.com.

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posted by Freelance at 3:59:00 p. m.