lunes, octubre 25, 2004

Modelos recogepelotas y políticos tocapelotas

Ayer terminó el torneo de tenis Masters Series de Madrid y da la impresión de que no pasará a la historia por el meritorio triunfo del ruso Safin ni por los momentos de brillante juego que nos ha dejado el monstruo Agassi, sino más bien por la polémica de las recogepelotas. Gracias a esa polémica, eso sí, hemos podido comprobar una vez más el escaso amor por la libertad que profesan los socialistas y progres, y lo ridículo de sus posiciones.

Si algo caracteriza a la sociedad libre es su capacidad para progresar, para crear donde no había nada, para mejorar las condiciones de vida del conjunto de los individuos. Cuando los individuos que obran en libertad no consiguen, por falta de cálculo o por error de apreciación, dicho propósito, son duramente castigados por el mercado: así de difícil (y de hermoso) es el ejercicio de la libertad.

Con motivo de la organización del Masters Series de Madrid, un par de empresarios, como son el organizador del torneo y el propietario de una firma de ropa se pusieron de acuerdo para lanzar una iniciativa novedosa: que las recogepelotas del torneo que organiza el uno fueran modelos ataviadas con ropa confeccionada por la marca del otro. El primero pretendía rentabilizar así un recurso latente (los recogepelotas) que nadie había sabido rentabilizar antes, y obtener por ello un ingreso que pudiera emplearse en mejorar el conjunto del espectáculo en beneficio de sus clientes (que son los jugadores y los espectadores) y para asegurar la viabilidad financiera de su negocio (lo que habría de redundar, una vez más, en beneficio de la oferta de entretenimiento a disposición del consumidor). En cuanto al empresario de la Moda, se procuraba de este modo una inmejorable plataforma publicitaria para mostrar sus productos y llegar a su público objetivo. Como dicen los anglosajones, se trata de una relación win to win, es decir, una relación donde, aparentemente, todos ganan.

Los promotores de esta iniciativa se arriesgaban a que el mercado rechazase su idea, pese a lo cual han seguido adelante con ella. El mercado, por lo que se ve, ha reaccionado muy bien. Sin embargo, ha tenido que venir la progresía a meter el cazo, porque a la progresía le produce alergia la libertad de los demás, sobre todo cuando son empresarios y ganan mucho dinero. La Secretaria de Estado de Políticas de Igualdad, que es una cosa vagorosa y que suena como a cargo creado sólo para la depredación del presupuesto, ha puesto el grito en el cielo, y pidió a la organización del torneo que retirase a las pobres modelos, so pretexto que su participación “contribuye a fomentar una clara visión discriminatoria de las mujeres, que aparecen como simples objetos de decoración y divertimento”.

Ya muchas otras voces, mucho más autorizadas que la mía, han señalado la incongruencia del follón montado por la Secretaria de Estado, quien, con las mismas, debería arremeter contra las animadoras del baloncesto, las azafatas del ciclismo o la Fórmula I, etc. Por tanto, huelga abundar por ese lado. Yo lo que quiero es recomendarle a la señora Secretaria de Estado que ponga un poco de orden en el cine español, porque es una vergüenza y dónde vamos a llegar. Pero vamos a ver: ¿qué es eso de que Paz Vega salga desnuda en todas las películas en las que trabaja, aunque no venga a cuento, y encima con la subvención del Estado? Pero hombre: eso fomenta una clara visión discriminatoria de la mujer. ¿Y qué me dicen de Ana Belén? Como se ha gastado una pasta en cirujanos se cree en la obligación de enseñar el resultado en todas las películas donde la contratan, pero eso no deja de convertirla en un simple objeto de decoración (para quien le gusten las mujeres de plástico) y divertimento. Pero no para ahí la cosa: la furibunda Secretaria de Estado deberá ponerles los puntos sobre las íes a Interviú, a Play Boy, a Penthouse, a Private, y conminarles a retirar sus publicaciones y películas del mercado porque en ellas no se puede decir que escojan a las modelos por el tamaño de su inteligencia. Sin duda, gracias a esta rigurosa vigilante de la moralidad sexual que nos ha salido, pronto volveremos a aquellos dorados años en que teníamos que ir al cine a Perpiñán para ver a Brigitte Bardot enseñar algo de chicha. Ahora, que si la Secretaria Feroz extremase su celo, debería encararse con el Gran Patrón, o sea, Polanco, porque éste sí que le saca un pingüe beneficio a la verdadera denigración de la mujer gracias a los anuncios clasificados de El País. Pero vamos, que la Señora Secretaria parece corajuda, pero no tanto como para pisarle el ruedo de la capa al Emperador de Prisa, de modo que en su sitio quedarán los anuncios donde miles de mujeres promocionan el comercio de su carne.

Por otra parte, un gobierno tan preocupado por las encuestas, debería echar un vistazo a esta: pese a la forma torticera y tendenciosa en que se plantea la pregunta (como es habitual en el cada vez más infumable Diario El Mundo), el respetable considera mayoritariamente que no hay discriminación de ninguna clase en el hecho de que sean modelos profesionales quienes ejerzan la función de recogepelotas.

Parece que el mensaje de la estricta Secretaria de Estado no ha calado ni siquiera en sus presuntas protegidas: una de las modelos recogepelotas declaraba con gracia que “ellas no se quejaron cuando las ministras posaron en el Vogue, y eso es intrusismo profesional”. Como casi siempre, la izquierda se encela en proteger a quien no quiere (ni necesita) protección de ninguna clase, sino simplemente que le dejen ejercer su libertad en paz.

Muy probablemente, las y los modelos recogepelotas empezarán a ser parte habitual del mundo del tenis: si la idea funciona, se replicará en otros torneos y, así, una nueva fuente de generación de riqueza se habrá establecido en el mercado, para alegría de los consumidores. Las prédicas absurdas de la Secretaria de Estado y todos sus epígonos y corifeos quedarán, sin embargo, en el olvido. Y es que a veces es muy duro ser progre.

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posted by Freelance at 10:52:00 a. m.