martes, noviembre 23, 2004

Herederos de Shi Huang 'Ti

Ya que quieren eliminar los belenes y los villancicos, que no se paren ahí y que no dejen títere con cabeza. Yo les propongo a los izquierdistas que quemen esto:

No creo que nadie en toda la Izquierda iletrada e imbécil que se esfuerza por arrancarnos las raíces tenga ni idea de quién fue Shi Huang 'Ti, por lo que parece un buen momento para explicarles que, en el año 213 a.C., este Emperador de la China ordenó quemar todos los libros que hiciesen la más mínima mención del pasado, porque quería que la Historia comenzase con él. El delito más grave que podía cometerse en el Imperio era ocultar un libro, y la pena consistía en trabajos forzados en la Gran Muralla, que el propio Emperador había ordenado levantar para aislar su Reino del resto del mundo; Shi Hyang 'Ti no sólo quería que la Historia comenzase con él, sino que hizo de su Imperio un universo cerrado.
La Izquierda quiere que la Historia empiece con ella; pretende que olvidemos nuestros orígenes; pretende que ignoremos nuestra Historia; pretende que reneguemos de nosotros mismos. Dijo Rilke que la verdadera patria del hombre es su infancia: nuestra infancia está unida para siempre en nuestra memoria a la ilusión de los regalos junto al Belén, y a los villancicos, cantados en desafinado coro por todos los niños de la clase, dirigidos por la maestra, junto al árbol navideño. Ahora la Izquierda pretende, en su estupidez, en su mezquindad, exiliarnos de la patria de nuestros recuerdos, que ahora podemos revivir con gozo en nuestros hijos. Pretende abolir el pasado, como el Emperador chino quiso abolirlo quemando a sus custodios, los libros. Yo les propongo que no se detengan ahí y que quemen también el Cristo de Velázquez, imagen de belleza sobrecogedora inspirada por la Fe, como ya en el año 34 las masas enloquicidas arrancaron las cabezas de los Apóstoles en las portadas románicas, o pegaron fuego a los retablos barrocos, o arrojaron al suelo, rompiéndolas en mil pedazos, las imágenes de las Vírgenes y los Santos.
Ahí lo tienen: nadie parece querer defenderlo. Representa la Fe de millones de personas, pero eso no importa. Está en nuestras raíces, en nuestra cultura, Antonio López pudo decir de él que, como la literatura de Cervantes, como la música de Tomás Luis de Victoria, representa lo mejor del alma española pero ¿qué más da? Es una obra maestra, producto del genio de un pintor irrepetible, pero eso es lo de menos: es la imagen de la Fe cristiana. Es necesario pegarle fuego, destruirlo, olvidarlo.
No siempre la Historia se escribe con grandes caracteres; a veces, del signo más nimio cabe extraer espantosas consecuencias. Yo creo que tenemos derecho a alarmarnos, e incluso a adoptar medidas extremas, cuando un Gobierno y sus adláteres se proponen imponernos el olvido de todo aquello que hemos sido, de todo aquello que somos. Empezando por los villancicos.

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posted by Freelance at 8:52:00 p. m.