domingo, noviembre 28, 2004

Las alarmas del Doctor Llamazares

Nos alerta Llamazares sobre los intentos que, según él, están llevando a cabo sectores del PSOE, en contubernio con los EE.UU. y la Iglesia Católica, por desestabilizar al Gobierno de ZP, y reconducirlo al redil de la política correcta, que el líder comunista identifica con los agentes antes citados, con las altas instancias empresariales y con el PP.

Lo primero que llama la atención en estas declaraciones, si somos capaces de seguir los meandros del razonamiento (empresa bien difícil), es que Llamazares entiende que la política actual del Gobierno es incorrecta, contraria a los intereses de la Iglesia, de los EE.UU., del sector empresarial y diametralmente opuesta al PP, y que eso le parece estupendo. Es decir, que según Llamazares, y conociendo su filiación y sus opiniones, la política actual del Gobierno es de signo, no socialdemócrata, sino decididamente comunista.

Por una vez en su vida, hay que reconocer que Llamazares ha hecho un análisis solvente de la situación. No por lo que se refiere al contubernio y esas estupideces quintacolumnistas que son tan del gusto de mamarrachos como él, sino en relación con la política actual del Gobierno de ZP. Llamazares tiene razón. Por primera vez desde la Transición a esta parte, España tiene un Gobierno comunista.

No hay más que hacer un repaso de las principales iniciativas adoptadas por el Gobierno en estos ocho meses largos para reafirmarnos en esta opinión: el seguidismo hacia los intereses islamistas en Irak, la ruptura, cuidadosamente escenificada, con los EE.UU. que escandaliza incluso a la “vieja europa”, el estrechamiento entusiasta de relaciones con dictaduras pópulo-comunistas como Venezuela y Cuba, la derogación de las normas que prohibían las iniciativas secesionistas en el seno de las Comunidades Autónomas, los cantos de sirena de la negociación con ETA, acaso para retribuirla por los elevados servicios prestados a la causa electoral del PSOE, la aceptación de proto-leyes mordaza como son el Estatuto del Periodista o la autorregulación de contenidos en televisión, la febril campaña anticatólica en sus diversos frentes, la resurrección arrolladora del guerracivilismo, el incremento de la presión fiscal sobre las grandes empresas, el desvergonzado (y chapucero) asalto al Poder Judicial, el no menos descarado y prepotente uso de los recursos públicos con fines personales, el desvío de importantes cantidades presupuestarias hacia órganos de pura y simple propaganda… todo este negro panorama, incompleto y trazado a vuelapluma no es más que la simple demostración y el resultado del proceso de estalinización que está sufriendo España, y cuya causa es la antedicha: por vez primera, el Gobierno está en manos de dos partidos comunistas como son IU y ERC.

¿Es ese el perfil político de los votantes del PSOE? ¿Son comunistas los españoles que salieron a votar el 14 M acongojados por el miedo y la zozobra que les produjeron los atentados de Madrid? Creo que estos interrogantes no han preocupado nunca al PSOE. Si por algo se ha caracterizado este partido es por su condición de partido sin ideas ni programa, orientado, no al Gobierno, sino al Poder, como ha demostrado a lo largo de toda su siniestra historia, desde 1934, pasando por el Felipismo de la corrupción y el crimen de estado y terminando en el 14 de marzo. Jean Françoise Revel ha puesto de manifiesto que la Izquierda sólo es superior al Liberalismo en una cosa: en su capacidad aplastante para perpetuarse en el poder. Ese es el sendero que está siguiendo el PSOE en la España de hoy: aliarse con partidos tiránicos, rupturistas y antisistema y satisfacerles en todas sus peticiones, con tal de mantenerse en el poder, que es el medio indispensable de acceso al presupuesto, sin cuyo control el PSOE, patio de monipodio de los favores pagados, las subvenciones y las prebendas, languidece sin remedio.

Tengo cierta confianza en que las propias bases socialistas recapacitarán ante lo que estamos viviendo, incluso que cierto sector dentro del propio PSOE (ese que tanto rechazo provoca en Llamazares), bien sea por un sentido elemental de la ética política, bien por ver amenazados sus propios intereses (como les sucedió a los balbases en la crisis de la Asamblea de Madrid), reaccione contra este proceso acelerado de destrucción de la estructura democrática de España, que tanto trabajo ha costado levantar. Y espero de todo corazón que España llegue más o menos ilesa y vigorosa al momento en que toque demostrar que, lejos de las pretensiones de Llamazares, de Carod, de Otegui y del propio Zapatero, es una verdadera democracia.
Actualización 29/11 - 13:55
Carmelo, genial, abunda en el mismo asunto. No sabemos si el calificativo de correcta es un deja vù del ¿cerebro? de Llamazares o, simplemente, una concesión más a esa fachada rebelde que tanto gustan de ofrecer los nostálgicos de la cheka, el gulag y la bomba redonda con mechita.

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posted by Freelance at 1:39:00 p. m.