jueves, noviembre 18, 2004

Presentación del libro "Che Guevara", de F. Díaz Villanueva

Ayer tuve el placer de asistir a la presentación de la biografía de Ernesto Che Guevara dada a las prensas por Fernando Díaz Villanueva (Editorial Dastin), que tuvo lugar en la sede de la Fundación Hispano Cubana de Madrid. Y la verdad es que el acto tuvo mucha miga.
Después de una introducción a cargo de Pío Moa, donde este ilustre historiador mostró una vez más el fundamento esencialmente propagandístico del Comunismo, del que la figura del Che es acaso uno de los ejemplos más notables y de mayor éxito, el autor del libro dio pie a un largo coloquio con los asistentes, que fue en gran parte monopolizado por los numerosos exiliados cubanos que poblaban el respetable. No es fácil enfrentarse con argumentos de autoridad como los que algunos de los exiliados utilizaron (usted habla de esa época por lo que ha leído, pero yo la he vivido), y la verdad es que Fernando Díaz Villanueva salió muy airoso del trance, separando siempre el grano de lo sustantivo de la paja de lo accesorio y más o menos anecdótico y sentimental, y basándose no sólo en el conocimiento aprendido de los hechos, sino en su capacidad para analizarlos desde una posición basada en firmes convicciones liberales y democráticas.
Probablemente, la conclusión más valiosa que puede obtenerse de la introducción de Moa fue la necesidad de revisar críticamente toda la iconografía izquierdista, desnudar su inanidad ética y su falsificación permanente de la Historia; y de la intervención de Fernando, la necesidad de una decidida puesta en valor de las ideas básicas del liberalismo: el respeto por el individuo, por la libertad y por la propiedad privada, todo ello por comparación con lo que Che Guevara, como arquetipo de la revolución comunista, supuso para la libertad y la prosperidad en Cuba.

Sin embargo, el momento más caliente del coloquio vino como consecuencia de la afirmación del autor, cuando vaticinó el importante ejercicio de autocrítica que el pueblo cubano tendrá que hacer cuando muera el tirano, de cuyo ascenso y perpetuación en el poder es, en parte, corresponsable. Como es lógico, aquel juicio tan severo no dejó de herir susceptibilidades entre los exiliados presentes. Por mi parte, aun reconociendo la responsabilidad de los pueblos en su propio destino, no puedo estar completamente de acuerdo con ese diagnóstico: no en vano uno de los más terribles efectos del Comunismo realmente existente es su pavorosa capacidad para anestesiar la voluntad de los individuos, a causa de la imposición de un concepto de Estado providencialista, del cual los individuos, a través de un proceso de renuncia de la voluntad propia, terminan por esperarlo todo, tanto los premios como los castigos. De este modo, los individuos se convencen en la práctica de lo infructuoso de cualquier iniciativa individual. Más que poner el acento en la posible responsabilidad de los propios pueblos sometidos por su inacción ante la tiranía, es necesario señalar y denunciar la responsabilidad de aquellos líderes y creadores de opinión occidentales que (y en esto desde luego estuvimos de acuerdo todos) por puro cálculo electoral o por pura pérdida culpable de referentes (por equidistancia, se diría ahora), no vacilan en colocarse al frente de la misma manifestación donde se luce ad nauseam la efigie del Che en banderolas, en camisetas, en pancartas, sin importarles que esa efigie sea en realidad el símbolo del oprobio, del desprecio de la Libertad, del asesinato y de la incompetencia. Un ejemplo tristemente cercano tenemos en nuestro Gobierno, que abandera ahora el acercamiento al pueblo cubano, poniendo como pretexto la preocupación por el estado del propio pueblo para encubrir, en realidad, la mera complacencia con el régimen genocida del carnicero de La Habana.

En todo caso, este libro se encuadra en lo que ya podríamos denominar como una corriente de pensamiento y acción cada vez más homogénea y significativa, levantada de un modo independiente frente al todavía monolítico Pensamiento Único de la Izquierda que sigue contando con el Che como uno de sus símbolos propagandísticos sagrados e intocables.

Actualización.

He estado esta tarde en la Casa del Libro de Gran Vía en Madrid para comprar unos cuantos ejemplares del libro pero, para mi contrariedad, está agotado desde hace unos quince días. Un empleado me ha confirmado que una nueva remesa ha entrado en el almacén y que, en una semana más o menos, volverá a estar en las librerías. Me ha decepcionado, eso sí, que lo tengan en el Departamento de ofertas y saldos; todavía queda mucho trabajo por delante para ver libros como éste en el escaparate. Todo se andará.

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posted by Freelance at 7:29:00 p. m.