viernes, diciembre 03, 2004

Dejad que los Imanes se acerquen a mí

Informaba esta mañana COPE, haciéndose eco de una noticia aparecida en ABC, que el Gobierno se propone establecer medidas de discriminación positiva en la Ley de Extranjería a favor de los clérigos musulmanes. Libertad Digital desarrolla la misma información en su edición de hoy.

Al parecer, los imanes islámicos podrán obtener la residencia sin necesidad de acreditar vinculación laboral de ningún género por medio de un contrato de trabajo; la norma establece algunos requisitos adicionales que entran de lleno en la categoría de lo estúpido, como por ejemplo:

- Los imanes, para beneficiarse de esta exención, no podrán desarrollar ninguna actividad remunerada, es decir, se verán obligados a vivir del aire.

- Los imanes deberán acreditar que su ministerio ha sido adquirido por medio de los estudios oportunos dentro de alguna confesión admitida como tal en el Registro del Ministerio del Interior. Este requisito es de imposible verificación en el Islam, donde no existen seminarios ni órdenes monásticas oficializadas y reconocibles; en el Islam, la máxima autoridad religiosa es también la máxima autoridad política, y no cabe hablar de una Iglesia con personalidad jurídica distinguible.

Por tanto, parece que el Gobierno de ZP se propone, simple y llanamente, establecer un coladero legal por el que podrán entrar individuos como el ínclito Imam de Fuengirola y consejero de la Federación de Entidades Religiosas Islámicas de España, Mohammed Kamal Mustafa, quien escribió un librito con instrucciones para azotar a las mujeres; o como el Imam de Barcelona Abdelaziz Hazan, que considera que lo dicho por el anterior está recogido en el Corán y es, por tanto, un recurso legítimo, aunque no sea algo que pueda ser comprendido en Occidente; o como la doctora en Islamismo Jamila Merzouk, que considera que coger por la pechera a una mujer puede ser educativo.
Y todo esto, mientras el mismo gobierno ha desencadenado una ofensiva escalofriante contra la Religión Católica en nombre del Laicismo del Estado.

¿Cómo se comprende que un gobierno de Izquierdas, de vocación presuntamente laicista y anticlerical, claudique de tamaño modo ante las exigencias de una confesión religiosa como el Islam, negadora de la dignidad humana, violentamente sexista y radicalmente teocrática? Para intentar explicármelo a mí mismo llamaré en mi auxilio a Oriana Fallaci, cuyas palabras en su libro La Fuerza de la Razón suenan así de contundentes y de veraces:

La Izquierda surgió en Occidente. Es occidental, pertenece a la civilización más evolucionada de la Historia. ¿Cómo es posible entonces que se reconozca en un orbe donde hay que explicar que casarse con la propia madre es pecado y recomendar que uno no debe comerse a su propia amante si ésta es una oveja? ¿Cómo puede aplaudir un mundo en el que una niña puede quedarse viuda o ser repudiada con nueve años, o incluso antes de cumplir nueve años? Sufrí algo parecido a una enfermedad o, mejor dicho, a una obsesión .Preguntaba a todo el mundo: “¿Tú entiendes, o tú, por qué la Izquierda está de parte del Islam?” Y todos me respondían: “Claro. La Izquierda es tercermundista, antiamericana, antisionista, y el Islam también. Por tanto, en el Islam la Izquierda ve eso que los brigadistas llamaban el aliado natural”. O bien: “está claro. Después del hundimiento de la Unión Soviética y del resurgimiento del capitalismo en China, la Izquierda se ha quedado sin puntos de referencia. Por tanto, se aferra al Islam como a una tabla de náufrago”. O bien: “Obvio: Ya no existe en Europa un auténtico proletariado, y la Izquierda sin proletarios es como un comerciante sin mercancía. En el proletariado islámico, la Izquierda ve la mercancía de la que carece, o sea, una reserva de votos de los que puede apropiarse en el futuro”. Sin embargo, aunque todas las respuestas encerraban grandes verdades, ninguna respondía a los razonamientos de los que partían mis preguntas. Por eso seguí atormentada y desesperada hasta que me di cuenta de que eran mis preguntas las equivocadas. Estaban equivocadas, sobre todo, porque partían de un resto de respeto por la Izquierda que había conocido, o creído conocer, de niña, la Izquierda de mi padre, de mi abuelo […] Pero sobre todo eran preguntas equivocadas porque se basaban en razonamientos o, mejor, presupuestos equivocados. Primer presupuesto, que la Izquierda es laica. Y no lo es: aunque haya nacido del laicismo, de un laicismo que es hijo de Liberalismo y por tanto no está de acuerdo con él, la Izquierda no es laica. Por muchos disfraces que se ponga, la Izquierda es confesional. Eclesiástica. Lo es por derivar de una ideología religiosa, es decir, una ideología que proclama una Verdad Absoluta. De una parte está el Bien, y de otra el Mal. De una parte está la Luz del Futuro, de otra la Oscuridad Total. De una parte sus fieles, y de otra los infieles o, mejor dicho, los perros infieles. La Izquierda es una Iglesia. Pero no una Iglesia semejante a la cristiana que, al final, reconoce el libre albedrío, sino una Iglesia semejante al Islam. Como el Islam, se considera bendecida por un Dios custodio del Bien y de la Verdad. Como el Islam, nunca reconoce sus propias culpas y errores. Se considera infalible, nunca pide perdón. Lo mismo que el Islam, pretende modelar un mundo a su imagen y semejanza, una sociedad creada a partir de los versículos de Karl Marx, su profeta. Como el Islam, esclaviza a sus propios fieles, les intimida, les vuelve idiotas aunque hayan sido inteligentes. Como el Islam, no acepta el pensamiento diverso del propio y, desprecia al que piensa de manera diferente. Lo denigra, incluso lo procesa y lo castiga y si el Corán, (el Partido) lo ordena, lo condena a morir fusilado. Como el Islam es, en fin, antiliberal. Autocrática, totalitaria, incluso cuando acepta entrar en el juego democrático”.

Pocas definiciones más exactas he leído de la Izquierda en mi vida. Y pocas que expliquen mejor la obsesión islamista de la que participan todas las izquierdas occidentales. El Gobierno de ZP no es una excepción, desde luego: embarcado en una cruzada antiamericana y, por lo mismo, profundamente antioccidental, contraria a los valores antropocéntricos que tantos años de esfuerzo individual y colectivo han requerido en Occidente, se arroja en brazos del Islam, en el cual percibe numerosos signos de identidad comunes. Es la Izquierda de Chomsky, que decidió que la responsabilidad de los asesinatos de Al Qaeda era en realidad la de Occidente mismo; o la Izquierda de Ramonet, para quien Ben Laden es el nuevo Robin Hood que representa la lucha de los nuevos proletarios contra el régimen opresor de Occidente. Es, ni más ni menos, la misma Izquierda que, después de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, fue capaz de tomar la brocha y pintar en la pared: Osama, matanos.

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posted by Freelance at 11:44:00 a. m.