viernes, diciembre 10, 2004

El País, campo de minas

Está causando algo de revuelo la salida del crítico Ignacio Echeverría de El País. ¿A qué viene la sorpresa? La memoria es frágil. ¿Es que se nos ha olvidado el caso Muñoz Molina?
Quienes ahora se hacen cruces con el caso Echeverría deberían echar la vista atrás para comprender que El País no está haciendo otra cosa que perseverar en su estrategia de siempre: exigir adhesiones inquebrantables, no ya sólo a la línea ideológica y partidista de la empresa, sino a los intereses económicos del Grupo al que pertenece.
Me permito traer aquí un artículo de hace dos años sobre el caso Muñoz Molina, que tanto por la relevancia del personaje como por las razones que dieron lugar al caso, me parece mucho más grave y significativo que el de Echevarría, y es en todo caso una muestra fiel de cómo se las gastan Polanko y su troupe cuando están en juego sus intereses y por dónde se pasan la libertad de opinión.
CRÓNICAS DE LA INIQUIDAD

El otro día, mientras circulaba cansinamente por una M-40 casi colapsada, escuché por la radio la noticia de que Antonio Muñoz Molina había abandonado, después de muchos años, su tribuna en la columna de la última página de El País Semanal.

Es un hecho objetivo y no sujeto a controversia que Muñoz Molina mostró públicamente su apoyo a la política sostenida con firmeza y determinación por Nicolás Redondo Terreros en las montaraces trincheras políticas del País Vasco, la misma política que fue objeto de enconada cacería por las fuerzas vivas del periódico de Polanco. Eso condujo al escritor a firmar al pie de un manifiesto de personalidades a favor del corajudo y defenestrado líder socialista, y le ha conducido igualmente al abandono de su añejo púlpito en el semanario de Prisa. Si fue invitado a abandonarlo o, motu proprio, lo hizo por dignidad, cinco minutos antes que le obligasen, no lo sabemos: el resultado en todo caso es el mismo, y en él queda de manifiesto por enésima vez el concepto que en Prisa tienen de la Libertad.

Hace apenas unas semanas tuve el raro privilegio de compartir una comida con bastantes prominentes profesionales del Marketing y la Comunicación, comida en la que se produjo una interesante ponencia de Tomas Burns, ex director del Financial Times en Madrid y actualmente Vicepresidente del Grupo Recoletos. Preguntado sobre la calidad del periodismo en España, afirmó el veterano periodista que es una de las más bajas del mundo: los profesionales del periodismo en nuestro país suelen ser personas de bajísima cualificación, cuando no se surten los Medios en sus redacciones de simples becarios para ejercer de reporteros y redactores. Le apunté a Burns si acaso la calidad de los medios no estaría en relación directa con la de los lectores, y sin asomo de paños calientes, Burns me dio la razón.

Es incomprensible que un producto como El País, exponente máximo de la mentira pública, utilizador torticero de sus tribunas con fines mercantilistas, patio de monipodio donde se confunden la información con la manipulación y ésta con el interés partidario, sea el primer periódico de España. O es harto comprensible si atendemos a nuestra escasa calidad como lectores, como demandantes de información. Porque el episodio de Muñoz Molina es una gota más (en mi caso, la que el vaso colma), en un océano de iniquidades, de villanías y de traiciones a la Libertad.

El linchamiento público de Redondo Terreros a cargo de las huestes del Felipismo rampante, vigorosamente sustentadas por las tropas del general Polanco, es uno de los episodios más negros de la ya poco edificante historia de la Santa Alianza entre el Partido Socialista y la empresa de Jesús del Gran Poder. Esgrimir razones políticas para ese linchamiento ya es bastante repugnante, habida cuenta el estado de las cosas en el País Vasco; pero las razones verdaderas son todavía mucho más repugnantes. El desalojo de Redondo del cargo que legítimamente había adquirido en democrático congreso ha sido la condición impuesta por los cancerberos del Gobierno Vasco (Eguibar, Arzálluz) para cerrar pingües negocios con Prisa a cuenta de los Medios de Comunicación en aquélla autonomía, cuyo rendimiento y control se asegura ahora Don Jesús a cambio de complicidades culpables con los amigos de los amigos de ETA. Se repite así la turbia maniobra que ya se operase en Andalucía con la compraventa de los periódicos locales que acabaron después en manos del Emperador de Prisa, sólo que en este caso ha rodado a vista y paciencia del personal la cabeza de un hombre, de Redondo Terreros, precio del siniestro negocio cerrado por el PNV, Felipe González y Polanco, y con él han rodado las esperanzas de cambio que todavía pudieran alentar en el alma de los vascos de bien. Pero las esperanzas del zamarreado pueblo vasco son escaso montante comparado con el enriquecimiento previsto por el insaciable Polanco, o con el rencor, también insaciable, de González. Poco importa a individuos de semejante catadura que con su actitud, lo que están logrando es perpetuar en el sillón grande de Ajuria Enea el régimen que hace posible que la mitad de los vascos viva sometida al terror, la falta de libertad, la angustia y el miedo. El objetivo es enriquecer a uno y vengar al otro, la Libertad de los vascos oprimidos no les importa.

Muñoz Molina, investido de la fuerza irresistible de su dignidad, no ha querido formar un minuto más en esas filas odiosas, y ha seguido abrazado a la causa de la Libertad; la que ya no tendrá para decir lo que mejor le parezca en su añosa contrapágina del País Semanal.

Yo compraba el País Semanal por leer a Muñoz Molina. Ahora, ya no tengo ninguna razón para comprarlo. Y cada vez más para nunca leerlo.
2002 EAF para LQQSE.

NOS HEMOS MUDADO. AHORA ESTAMOS EN HTTP://WWW.FREELANCECORNER.NET. PUEDES ENCONTRAR ESTE MISMO ARTÍCULO ALLÍ, E INCLUSO DEJAR TUS COMENTARIOS.

posted by Freelance at 10:11:00 a. m.