martes, diciembre 14, 2004

La comparecencia de Zapatero: una observación tardía.

Ya se ha dicho casi todo sobre la comparecencia del Presidente Rodríguez Zapatero ante la ¿Comisión? de ¿¿Investigación??; a mí me toca desempeñar el papel, en este caso, de coche escoba.
No cabe duda que el bitacorismo (por llamarlo de alguna manera) es disciplina reservada a los eficaces, a los rápidos, a los que son capaces de seguir las noticias minuto a minuto, analizándolas y desmenuzándolas antes que nadie. A los lentos nos queda la deslucida labor de componer, a toro pasado, eso que pomposamente llamamos artículos de fondo y que, en realidad, bajo la apariencia de la reflexión sesuda, no son más que un recurso de segundón, porque todo lo verdaderamente interesante ya lo han dicho otros.

En el caso de la comparecencia del Presidente Zapatero ante la Comisión de Investigación del 11 M, son ya muchos los bloggers que han tratado el asunto desde todos los puntos de vista: seguro que me dejo a muchos, pero son sin duda destacables los artículos de Daniel aquí y aquí, los de Carmelo en este post y en este otro (desternillante), la habitual brevería del genial Agados o, en fin, los comentarios leídos en Tomania, en Criterio, en La Frase Progre o el excelente artículo de Laissez Faire. En sentido contrario también se han publicado cosas, desde luego, tanto desde las orillas del radicalismo como de la ortodoxia progresista. Ni siquiera me queda el consuelo de hacer una especie de melánge porque ya se me ha adelantado, con harto más sentido, Franco Alemán. Too much.

De sobra se han comentado, por lo que resultaría redundante por mi parte insistir en ello, las mendacidades vertidas por Zapatero (como negar que existiesen indicios acusadores contra ETA, cuando dichos indicios han sido sobradamente constatados o utilizar informes delirantes, elaborados ad hoc por su propio Ministerio de Interior), la infame y tendenciosa actitud de la mayor parte de partidos, que parecían estar interrogando de nuevo a Zaplana, no al Presidente, la negativa a reconocer la clamorosa participación de cuadros de su partido en las ilegales y violentas manifestaciones del día 13 de marzo, de las que fue beneficiario y posiblemente instigador directo, o el más que probable carpetazo teledirigido de la Comisión. Por lento y por haragán, a mí me queda la resignada tarea de intentar extraer alguna conclusión original o alguna reflexión de cierto interés. Y la verdad es que se me ocurre una que no he visto todavía reflejada y que reafirma la tesis, ya varias veces expuesta en esta misma bitácora, sobre la solvencia intelectual de los miembros del Gobierno.

Uno de los momentos más tensos, por no decir el más tenso de toda la larguísima comparecencia de Zapatero tuvo lugar cuando reveló éste, en tono casi coloquial, sus presuntas conversaciones del día 11 de marzo con el entonces presidente Aznar y el entonces candidato Rajoy, fundamentalmente con este último al afirmar que Rajoy le había comentado que “ya sabía cómo era Aznar”. Esta pretendida confidencia hizo saltar de indignación al portavoz del PP, Zaplana, que la calificó de “indigna de un Presidente de Gobierno”.

Mucha gente puede sentirse inclinada a pensar que la confidencia será indigna en la medida que sea falsa pero que, de ser cierta, no sólo no es indigna sino muy pertinente. Yo, que creo de corazón que la confidencia es simplemente falsa (una falsedad más entre todas las depuestas por Zapatero), afirmo además que, en todo caso es indigna, aun en el improbable caso de que sea fidedigna.

Una vez más hay que repetir que de un miembro del Gobierno, mucho más del Presidente, hay que esperar un cierto sentido de Estado, es decir, una cierta capacidad para comportarse al tenor de la alta representatividad institucional que le ha sido confiada. Revelando comentarios absolutamente subjetivos que un líder político haya podido confiarle en el curso de una conversación personal, Zapatero demuestra simplemente que no es una persona de fiar, lo que puede tener desastrosas consecuencias sobre su capacidad para encarnar la alta magistratura que ostenta. ¿Qué confianza tendrá un dirigente extranjero en nuestro Presidente a la hora de manifestarle cualquier secreto de Estado, cualquier debilidad, cualquier opinión personalísima, teniendo en cuenta que Zapatero podrá, en cualquier momento, revelar el conocimiento adquirido por esa vía? ¿Con qué derecho podrá reclamar Zapatero de la oposición que colabore con él y con su gobierno desde una mínima confianza, cuando es patente que Zapatero, en la medida de su conveniencia personal y partidista o, simplemente, de su incontinencia verbal, podrá hacer pública cualquier conversación, cualquier confidencia? ¿Qué credibilidad tendrán desde ahora los secretos oficiales, las deliberaciones de cualquier índole, después de comprobar que Zapatero lo soltará todo si le viene a mano?

Con esta actitud, ciertamente indigna y, además, profundamente irresponsable, Zapatero se descalifica por sí mismo, se incapacita para desempeñar una labor que exige, antes que ninguna otra cosa, la confianza de todos sus interlocutores: sus propios ministros, sus adversarios políticos, los dirigentes de otras naciones, los agentes sociales, quienes se tentarán las ropas antes de abrir la boca en su presencia, en perjuicio de su capacidad para constituirse en interlocutor y para mal de todos los españoles.

Nuestro Presidente por accidente sigue demostrando que el cargo no sólo le viene ancho, sino que la anchura no es producto de su bisoñez o de su falta de preparación, sino de una profunda incapacidad moral y ética para desempeñarlo; y que su aventura puede devenir en consecuencias extraordinariamente negativas para nuestro país y en el rápido derrumbe del prestigio interior e internacional de España que tanto tiempo y tantos sacrificios ha costado edificar.

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posted by Freelance at 6:04:00 p. m.