miércoles, diciembre 29, 2004

La mujer del César

Dicen que la mujer del César ha de ser honrada y parecerlo. A la mujer de Zapatero le da igual si su marido es o parece trabajador: ella lo que quiere es ir al teatro.

Un viejo principio político reza que la mujer del César debe ser honrada y parecerlo. En la época de los medios de comunicación, dominada por el culto a las apariencias, el principio ha ido adelgazando, de modo que ahora basta con que la mujer del César al menos parezca honrada; que lo sea o no es harina de otro costal.

Zapatero está a punto de echar el cierre a la tradición inspirada en ese principio: da igual si la mujer del César es honrada o lo parece, y da igual si, de cara a la opinión pública, Zapatero pasa a la historia como el presidente menos aficionado al trabajo que se recuerda. No contento con la imagen ofrecida después de que, hace unos días, se le pegasen las sábanas el día en que tenía comprometida una cumbre bilateral con Polonia, el martes se autoconcedió la tarde libre para ir al teatro con su mujer. Siempre puede excusarse diciendo que acudió a documentarse sobre la alianza de civilizaciones, porque escogió la obra El Señor Ibrahim y las Flores del Corán. En todo caso, teniendo en cuenta la agitada situación de la política española, parece que esta exhibición de desahogo está de más, y que Zapatero se ha despreocupado, no ya de sus obligaciones, sino incluso de simular que las atiende. Y no cuesta trabajo especular con los motivos.

Según informaba hace días El Semanal Digital, entre los analistas y colaboradores más próximos al Presidente cunde la alarma por la influencia que Sonsoles Espinosa demuestra sobre su marido, que casualmente es nuestro Presidente de Gobierno. En esta ostensible tarde de martes que Zapatero ha dedicado a sus obligaciones maritales (con inevitable cancelación o posposición de sus obligaciones presidenciales) cabe vislumbrar la florentina mano de Sonsoles, que no quiere que el trabajo la prive de su compañero más tiempo del estrictamente necesario.

Una aspiración muy legítima en cualquier esposa… salvo en la del Presidente del Gobierno la cual se muestra por una parte reacia a compartir a su marido con todos los españoles, pero por otra no duda en aprovechar, en beneficio personal, las influencias emanadas del cargo de éste. Y qué no decir del papelón del propio Zapatero: la vox populi española, machista, chascarrillera y anticuada como pocas, y especialmente despiadada con este tipo de debilidades humanas (pasando por alto, muchas veces, circunstancias notablemente más graves y preocupantes), empieza a pintar al Presidente como un hombre genuflexo y maleable para con su mujer. Y, obviamente, una cosa lleva a la otra: ¿cómo no será entonces ante los Carod-Rovira, Ibarreche, Mohamed VI, Chirac, Schröder y compañía?

La mujer del César tiene que ser honrada y parecerlo; en este caso, más que honrada, parece que nos ha salido cojonuda. Y su marido, en quien ya sospechábamos un carácter marcadamente faldero, nos reafirma cada día en la sospecha.

NOS HEMOS MUDADO. AHORA ESTAMOS EN HTTP://WWW.FREELANCECORNER.NET. PUEDES ENCONTRAR ESTE MISMO ARTÍCULO ALLÍ, E INCLUSO DEJAR TUS COMENTARIOS.

posted by Freelance at 1:36:00 p. m.