martes, diciembre 21, 2004

La paradoja de Bono.

Existen políticos de todos los partidos que han sabido granjearse fama de centrados y de conciliadores, capaces de contentar a todo el mundo: a los suyos y a los demás. Sin embargo, a los populistas de medio pelo les suele pasar como a las películas de Fu Man Chu, que en seguida se les ven las trampas.

José Bono es tal vez el ejemplo más descollante de ese tipo de político. Ha sabido labrarse, con gran astucia, una imagen de outsider dentro de su propio partido, de tertium genus, de hombre moderado e identificado con algunos valores nada propios de la izquierda (el catolicismo, el patriotismo). De este modo ha demostrado que es capaz de dejar contentos tanto a sus conmilitones del PSOE como a muchos votantes conservadores del Partido Popular quienes, por propia convicción y en seguimiento de la línea mayoritaria de su partido, se declaran defensores de dichos valores, fundamentalmente de la unidad de España. Bono ha escenificado esa pretendida independencia muchas veces desde su cargo de Presidente de Castilla La Mancha, como en el famoso pulso con Borrell cuando éste ocupaba el Ministerio de Obras Públicas, a cuenta del trazado de la A3, y ha cultivado esa imagen de hombre de pueblo, católico, campechano y amante de su tierra con la que tantos se identifican y tan lejana del progre urbano o del activista de izquierda.

Ya como Ministro del Gobierno no ha escatimado gestos dirigidos al sector más duro del mal llamado nacionalismo español, con proclamas patrioteras lindantes con la simple y llana bravuconada. La última de estas soflamas tuvo lugar ayer mismo durante el desarrollo de la Comisión de Defensa, en respuesta al senador vasco Anasagasti, a quien ha recordado la existencia de los artículos 8 y 2 de la Constitución, fuente de la que emana la capacidad del Ejército para mantener, a costa de lo que sea, la integridad territorial de España.

Sin embargo, hoy esa noticia ha compartido cabeceras con otra, por la cual nos enteramos que alumnos de primer curso de la Academia de Suboficiales del Ejército de Talarn, en Gerona, han sido obligados a demoler una inscripción megalítica, compuesta con rocas encaladas en la ladera de una montaña, donde se leía el lema de la propia Academia: “a España, servir hasta morir”. La noticia ha sido hoy ampliamente comentada en la COPE. (Por desgracia no podemos enlazar la noticia porque la web de la COPE ha sido objeto de un ataque hacker por parte de algún amante de la libertad de expresión al estilo Fernando Berlín).

La noticia de la demolición del lema de la Academia de Talarn no es un hecho aislado, sino que viene precedido de una campaña, patrocinada por Izquierda Unida – Los Verdes de Cataluña, quienes ya en el mes de octubre exigieron al Ministerio de Defensa que ordenase la retirada de la inscripción; hace apenas dos semanas, una bitácora adscrita al catalanismo radical llamaba la atención sobre el mismo asunto y, literalmente, decía: “No serveix de res que ens escarrassem en parlar de democràcia i ovacionar aquesta porqueria de democràcia que tenim en detriment de cert règim que vàrem tenir, si no ens escarrassem igualment en eliminar totes les mostres que ens en queden, i totes les que d’una manera o d’una altra ens coercionen el pensament, no fos cas que d’una vegada per totes fóssim capaços d’esdevenir autònoms en pensament no cohibit”.

Como buen populista, José Bono pretende vivir eternamente de sus palabras, pero los hechos, que son testarudos, le desmienten. Mientras de boquilla amenazaba veladamente a los nacionalistas incluso con la aplicación de los artículos 2 y 8 de la Constitución (eso, ni el más conservador de los ministros del PP se atrevió a insinuarlo siquiera), los militares, de los que él es Ministro y superior jerárquico sólo por debajo del Jefe del Estado, se afanaban por borrar su propio lema, con vergonzoso servilismo al dictado de los mismos nacionalistas en quienes, bien se ve, poca mella hacen las bravuconadas.

Y es que uno no puede vivir eternamente de proclamas. Porque, de hecho, la primera contradicción, fuente de todas las demás, que Bono debería explicarnos es cómo un hombre de tan arraigadas convicciones patrióticas consiente en mantener su cargo en el Gobierno gracias al apoyo de un partido separatista, antiespañol y republicano, apoyo que se garantiza sólo a costa de los más indignos chantajes y las más vergonzantes cesiones y sacrificios por parte del Gobierno.

Mientras Bono no dimita, o no aporte una explicación convincente para esa insoluble paradoja, todas sus sentidas peroratas no quedarán más que en lo que son: demagogia vacía y fraudulenta.

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posted by Freelance at 7:04:00 p. m.