martes, diciembre 28, 2004

La Segunda Revolución Liberal

Como en la novela de Dickens, numerosos países del este de Europa, aún con la huella del yugo comunista en el gaznate, han decidido emprender el camino de las Grandes Esperanzas de la mano del Liberalismo. Ya no cabe duda que nos encontramos ante la Segunda Revolución Liberal.

La victoria del candidato opositor Viktor Yushenko en las elecciones presidenciales Ucranianas, ya completamente confirmada y avalada por la OSCE, demuestra la firme voluntad del gran país eslavo, otrora situado bajo la férula de hierro del comunismo soviético, por alejarse de su tenebroso pasado y plantearse un futuro de esperanzas con un giro radical hacia la libertad. Yushenko ha sido capaz de sobreponerse a unas elecciones manipuladas por su oponente político e incluso a un intento de asesinato con veneno que le ha desfigurado por completo, todo ello en la línea de actuación de las mafias en que todo el viejo aparatchik comunista parece haberse transformado. Ahora, la pacífica revolución de los ciudadanos (la marea naranja, por el color representativo del partido opositor) ha terminado por destapar el fraude de los nostálgicos del Partido Único y ha llevado en volandas hasta el poder al legítimo vencedor de los comicios, como ya sucediese hace apenas un año en la cercana Georgia, donde la denominada revolución de la rosa deslegitimó la manipulada victoria electoral de Shevarnadsze y aupó a la Presidencia al aperturista y liberal Saakashvili.

El caso Yushenko está ahora en todas las portadas, atrayendo la atención del mundo sobre Ucrania; sin embargo, Yushenko lo tiene aún todo por demostrar. En todo caso, puede considerarse que la victoria del líder ucraniano es la última manifestación de una verdadera revolución operada, sintomáticamente, en los países que componían el antiguo orbe soviético, revolución que se caracteriza por la adopción de un modelo de sociedad abierta basada en la democracia como forma de organización política y en el liberalismo como conjunto de principios inspiradores de la acción económica.

En términos históricos y políticos, bien podemos denominar a este vasto movimiento como la Segunda Revolución Liberal, fuertemente tributaria de la que podríamos calificar como la Primera, promovida por las administraciones americana y británica bajo los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher en los años 80. Tributaria porque el impulso y razón históricos de esta nueva revolución proceden del hundimiento del comunismo soviético, ocurrido gracias a la acción política de Reagan y Thatcher; y porque su inspiración teórica se encuentra también en los programas de gobierno y, sobre todo, en la visión económica de tan ilustres predecesores, de quienes muchos gobernantes de la Nueva Europa surgida del Bloque Este se confiesan devotos, como es el caso de Vaclav Klaus, Presidente de la República Checa y defensor a ultranza del Liberalismo ortodoxo de Friedman y Hayek.

Y es que no es, evidentemente, en Georgia, con la cual se le ha comparado (salvedad hecha de las obvias diferencias en población e importancia) por la semejante naturaleza de sus respectivos procesos de desvinculación de Rusia, donde Ucrania debe mirarse, sino que ambos tienen como referentes privilegiados a los países que les antecedieron. Ya desde que se produjese la descomposición interna de la tiranía soviética, países como Hungría, Polonia, Chequia, Eslovaquia o las repúblicas del Báltico se decidieron por el modelo liberal como receta para abandonar la crisis económica sempiterna en que el comunismo les había tenido sumidos.

Los resultados han sido sorprendentes y, en algunos casos, puede hablarse de verdaderos “milagros económicos”, con crecimientos del PIB situados de forma consistente por encima del 3% (o, como en el caso de Polonia, por encima del 4%) inflaciones controladas y tasas de paro con frecuencia inferiores al 10%.

Sin embargo, detrás de estas cifras no se oculta ningún milagro, sino simple sentido común. La fiscalidad en estos países es de las más simples y bajas de toda Europa y además el proceso seguido en los últimos años ha consistido en su progresiva reducción, hasta el punto que, en países como Eslovaquia, el tramo único de IRPF, IVA e IS se sitúa en el 19%. Por otra parte, después de un acelerado proceso de privatizaciones, el peso del sector público en la economía ha pasado a ser de los más reducidos, con casos, como el de Hungría, donde el sector público no alcanza siquiera el 20% del PIB. Todo ello unido a la rápida estabilización institucional en la mayor parte de los casos ha favorecido la llegada de capitales extranjeros, atraídos por el bajo costo relativo del trabajo y por la buena cualificación de la mano de obra. Fruto de este proceso, que se ha desarrollado apenas en los últimos 12 años, Polonia, Hungría o los países bálticos han superado en prosperidad económica y en atractivo para los inversores a muchos otros como Brasil o Argentina los cuales, pese a contar con situaciones de partida bastante más halagüeñas, han quedado anclados en recetas equivocadamente estatistas y anticapitalistas. Basta echar un vistazo a alguno de los cuadros estadísticos sobre libertad económica que elaboran los centros de análisis para comprobar cómo el círculo virtuoso del crecimiento de estos países ha tenido su origen en la firme voluntad de sus gobiernos por abrir sus economías al exterior y por dotar a la sociedad civil del mando de las operaciones.

Contrariamente a lo que puede decirse del socialismo, donde la concepción ideal y la ejecutoria real son siempre absolutamente divergentes y donde nunca se han podido constatar empíricamente sus pretendidas virtudes, el Liberalismo es un modelo de éxito que ayuda a las sociedades a mejorar en calidad de vida, en oportunidades de futuro y en prosperidad material. No resulta nada sorprendente que haya sido en los escenarios de la todavía reciente tiranía comunista donde haya surgido con fuerza el núcleo de la Segunda Revolución Liberal: harto han experimentado esos países en sus propias carnes el fracaso de la pretendida utopía colectivista. Algo más difícil de comprender es que en la Vieja Europa se flirtee sin disimulo con el estatismo más rancio, a pesar de que, por esta causa, los dos grandes países de la Unión se hayan colocado en el camino del estancamiento, cuando no de la simple y pura recesión.

No querría cerrar este artículo sin referirme al hecho de que ayer tomaron posesión los miembros del Gobierno de Rumania después que, en las elecciones del pasado día 12, la coalición liderada por el Partido Liberal obtuviese la mayoría de los votos. También el gran país de los Cárpatos, que ha sido el que de forma más dolorosa sufrió la liberación de la tiranía y el que más dificultades ha tenido para reactivar sus estructuras económicas y sociales, parece haberse decidido por no quedar rezagado entre sus compañeros de infortunio marxista en la carrera por la prosperidad y la libertad.

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posted by Freelance at 7:46:00 p. m.