sábado, diciembre 11, 2004

Quién manda aquí

En mi opinión, las conclusiones últimas que puede obtenerse del Caso Gruporisa son sumamente desalentadoras y no mueven, precisamente, a la Risa: está claro que en España no manda el Gobierno, sino todos aquellos que le auparon o le mantienen en el poder.
Está haciendo Montse en Internetpolítica un extraordinario seguimiento paso a paso, cuya lectura recomiento muy vivamente, del monumental escándalo a que ha dado pie la noticia, originalmente publicada por El País, de que una web perteneciente o relacionada con el programa "La Mañana" de COPE ofrecía imágenes trucadas de las ministras españolas en situaciones o poses de mal gusto. El seguimiento se iniciaba en este post, y ha continuado desde entonces.
Desde el punto de vista noticioso, por tanto, nada que añadir; en Internetpolítica está todo, así como en otras bitácoras que también se han ocupado del asunto. Desde la reflexión política, sin embargo, creo que se pueden extraer, fundamentalmente, dos conclusiones.
Primera, que en ningún caso se habría justificado el escándalo desde un punto de vista meramente relacionado con el derecho al honor de las ministras, incluso aunque la web hubiera pertenecido a COPE o a otro medio identificado. Desde hace años, páginas web del estilo de Nodo50, cuya vinculación con Izquierda Unida es pública y notoria, o programas de televisión como Crónicas Marcianas o Pecado Original en Tele5 y Las Noticias del Guiñol en Canal Plus, han marcado una línea de crítica contra miembros del PP y, especialmente, contra José María Aznar y Ana Botella, basada en la burla gruesa, frecuentemente representada por medio de parodias y fotomontajes mucho más groseros que los aparecidos en el vídeo de gruporisa.com. Nunca ningún miembro del PP ha manifestado su descontento con dichos contenidos ni, desde luego, se ha lanzado a apoyar campaña alguna promovida por los escasos medios de comunicación afines al PP en contra de esos programas o páginas web, entre otras cosas porque ese tipo de críticas que rozan lo injurioso o que se adentran decididamente en lo chabacano, presentes en todas las democracias, tienen que ser asumidas con deportividad porque forman parte del juego político.
A primera vista, podría parecer simplemente que el PSOE es menos contemporizador con la crítica cuando ésta se dirige contra sus integrantes, y más partidario de la censura. Sin duda, mucho de eso hay. Pero la razón estratégica que anima la campaña desatada por El País y rápidamente avivada por el Gobierno consiste en la posibilidad de atacar a la Iglesia Católica. Semejante escándalo no se ha montado contra ninguna otra de las muchas páginas web que, con más o menos ingenio, elaboran contenidos muy críticos contra Zapatero y su gobierno: se ha dirigido contra gruporisa porque los comisarios políticos de PRISA han olfateado a su presa favorita, la presa que se ha constituido para ellos en una verdadera obsesión: la Iglesia. Les ha fallado el olfato, desde luego; pero después de los escándalos de los Seguros de Trillo, del Lobby de Aznar, de los terroristas suicidas y de los vídeos que viajan en el tiempo, ya no puede sorprendernos que la noticia elaborada por El País haya cursado con tamaña torpeza y con tan pavorosa falta de confirmación de las fuentes, porque es lo que la factoría Polanco acostumbra de un tiempo a esta parte.
¿Y por qué esa fijación por la Iglesia, clamorosa en este caso, pero patente desde que el PSOE accedió al poder? Sin duda que por ese poso rancio de anticlericalsimo que el PSOE arrastra desde su fundación, el mismo que detonó en el año 34 y desembocó de una u otra forma en la Guerra Civil. Pero, mucho más que por eso, la campaña se debe a simple y llana estrategia empresarial de Don Jesús del Gran Poder. La manipulación polankista ha logrado corromper gobiernos regionales, ha obligado al cierre de los competidores, ha sojuzgado a empresas rivales, ha sobornado a políticos de uno y otro signo con promesas (casi siempre incumplidas) de fabulosos apoyos mediáticos; pero en la Iglesia, propietaria del único medio convencional verdaderamente crítico que queda en España, ha encontrado un firme bastión que, evidentemente, no va a poder expugnar porque, contrariamente al resto de empresas, la Iglesia no se enfoca precisamente al beneficio terrenal. Ante la imposibilidad de conquistar ese bastión, PRISA se ha propuesto simplemente destruirlo, estrangulando sus fuentes de financiación (por medio de la virulenta campaña contra la casilla de la Iglesia en la declaración de IRPF), promoviendo medidas de control de prensa y, ahora, urdiendo grotescos montajes para vincularla con una web independiente.
Pero nos queda la segunda conclusión, más desalentadora aún que la primera.
¿Quién manda, de verdad, en España? El espectáculo de sumisión expresa del Gobierno a los intereses del Grupo PRISA, con la Secretaria de Estado Rico Carabias haciendo el más espantoso de los ridículos por no separarse de las tesis de El País aun cuando éstas habían sido ya desmentidas por la realidad palpable de las cosas, demuestra que tan luego el Gobierno no es quien manda, sino quien obedece. A PRISA cuando los intereses de este conglomerado empresarial están en juego; a los radicales nacionalistas de Esquerra Republicana cuando de política territorial se trata; a los organizadores de las multitudinarias algaradas callejeras que el PSOE utilizó como ariete para llegar al gobierno, a quienes recompensa con jugosas subvenciones y gavelas; incluso a los entramados de la mafia policial que parece delinearse en ciertas provincias, a cuyos mandos encubre y promociona sin desmayo y también sin vergüenza.
De este modo, la política española se maneja a impulso de los intereses personales, empresariales, territoriales o puede que incluso delictivos de reducidos grupos cuyo único rasgo común es que ayudaron decisivamente a alzar al poder al PSOE, o a sostenerlo en él. Y mientras todos ellos deciden el destino del país, el Gobierno, servilmente, viene y va con la jofaina

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posted by Freelance at 1:45:00 p. m.