domingo, diciembre 12, 2004

Tenebrosos e Inmovilistas

La Vicepresidenta Fernández de la Vega afirma que curas y jueces son “tenebrosos e inmovilistas”, y que “se oponen a los avances desde hace siglos”. Se conoce que aquello del talante era esto.

María Teresa Fernández de la Vega ha aprovechado su intervención en un acto de apoyo a la Constitución Europea celebrado en Valencia para desencadenar un furibundo ataque contra la Iglesia (cómo no) y contra el estamento judicial. Según la información aparecida en ABC (edición papel) la Vicepresidenta ha afirmado que “desde hace siglos, en Europa siempre los que se oponen a las reformas pendientes son pasmosamente los mismos, son unos señores tenebrosos [...] siempre hay sectores inmovilistas que ponen pegas a los avances: los curas y los jueces”.

Rebatir dialécticamente tamaña barbaridad desde el racionalismo significaría rebajarse demasiado; es como tratar de oponerse con argumentos al gruñido de un mono. Semejante generalización ridícula entra de lleno en el tipo de razonamientos donde figuran también, por ejemplo, “las mujeres son tontas”, “los catalanes son tacaños” o “los judíos merecen morir”. Por otra parte, la memez histórica y política de esta mujer no parece conocer límites: afirmar que “los jueces” vienen oponiéndose a los avances “desde hace siglos”, considerando a "los jueces" como una especie de casta o de cuerpo inalterable a lo largo de las épocas, es ignorar las profundas transformaciones que, a consecuencia del proceso revolucionario vivido en toda Europa entre los siglos XVIII y XIX, modificaron radicalmente la naturaleza de los órganos y de la función misma de la administración de Justicia, haciéndola pasar de mero apéndice del Poder del Monarca en el Antiguo Régimen a correa de transmisión de una Justicia surgida de la voluntad popular o, en palabras de Montesquieu, en “la boca de la Ley que emana del pueblo”. Es decir, en un órgano fundamental e inseparable de la Democracia. Desde ese punto de vista, los jueces, tal como ahora los conocemos, no pueden oponerse a los avances: son un avance en sí mismos, un gran avance, tanto que permite que, en nuestra Constitución, España se proclame Estado de Derecho.

Pero si las palabras de la Vicepresidenta no soportan, ni merecen, el examen material más indulgente, desde el punto de vista formal resultan todavía más preocupantes.

Muchos miembros del Gobierno, sin duda por la forma heterodoxa y accidental en que ascendieron al Poder, parece que no se han enterado que ya no están en la oposición (igual que la mayor parte de los dirigentes del PP no han caído en la cuenta que ya no están en el Gobierno), y muestran unas maneras broncas, impertinentes y panfletarias que, si resultan improcedentes en la práctica política en cualquier caso, son completamente inaceptables en los miembros de un Gobierno, de cuya función institucional y representativa cabría esperar, antes incluso que la inteligencia, la prudencia. Pero esa esperanza parece estar de más ante un Gobierno con un Ministro de Exteriores enfangado en acusaciones falsas e irresponsables, nada menos que de fomentar el golpismo, lanzadas contra el Gobierno precedente; una Ministra de Vivienda que se pasa el día vaticinando el hundimiento del mercado inmobiliario, por cuya prosperidad se supone que debería velar; de un Director de la Oficina Económica de Presidencia que, cada dos o tres semanas, lanza un globo sonda con el cual sólo consigue socavar la confianza de empresas y particulares; o, incluso, un Presidente del Gobierno capaz de convocar a las naciones, poniéndose a sí mismo como ejemplo, a la deserción de Irak y de echar por tierra en apenas un par de meses, con sus incalificables gestos de antiamericanismo primario, las relaciones transatlánticas que tantos años ha costado edificar.

Los miembros de este Gobierno se refugian en sus mensajes banales y, con frecuencia, virulentos, en sus ocurrencias del momento, en sus concesiones a la galería, en el calor de sus bases más sectarias y fanatizadas. Viven instalados en la política de trinchera que tan abultados réditos les reportó los días antes de las elecciones y, conscientes de ello, fomentan actitudes montaraces entre sus militantes que luego desembocan en posturas antidemocráticas, incluso violentas. Desprestigian, deliberadamente o por torpeza, las instituciones básicas en que se asienta la Democracia, como en este caso nada menos que la Justicia, propagando un concepto patrimonial y autocrático del Poder, buscando la ovación de la parte más fundamentalista de su hinchada y despreciando de manera clamorosa la separación de poderes y el respeto al adversario.

Nos ha costado tiempo y trabajo entenderlo, pero ya parece evidente que Zapatero y los suyos, cuando hablaban de inaugurar la era del talante, no se referían precisamente a buen talante. Se referían a esto: al talante que tan buen resultado les dio en las elecciones de Marzo. Y que parecen dispuestos a repetir, con ilimitada constancia, que es virtud de acémilas, ad infinitum.

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posted by Freelance at 9:54:00 p. m.