miércoles, enero 05, 2005

Fin de fiesta

Como era previsible desde antes de ayer por la noche, el minigolpe de Humala y sus etnocaceristas quedó en agua de borrajas.
Después que se rindiese el líder del movimiento etnocacerista, Antauro Humala, los rebeldes que aún permanecían atrincherados en la comisaría de Andahuaylas han terminado de deponer las armas hace unas doce horas. El Presidente Toledo ha manifestado su propósito de no dejarlo correr, y se avecinan penas muy severas para los golpistas.
El Comercio aporta un dato revelador: Antauro decidió dar por finalizado el golpe después de hablar con su hermano Ollanta, lo que confirma la naturaleza exclusivamente personalista, de venganza personal, de este golpe. Parece que, incluso, la detención de Antauro no habría sido más que una escenificación de lo que, realmente, era una rendición del líder insurgente. Por medio de esa pantomima se pretendería preservar la imagen del ex coronel ante sus seguidores.
La Razón trae a colación, de forma muy oportuna, el carácter intrínsecamente nazi del movimiento etnocacerista, tanto en sus manifestaciones externas como en su espinazo ideológico. Parece oportuno recordar aquí la simpatía con que la Izquierda mira siempre los movimientos antimodernos de carácter indigenista, simpatía que ya el argentino Juan José Sebrelli ha descrito con extraordinaria solvencia en su interesantísimo libro El asedio a la Modernidad.
Como no hay mal que por bien no venga, el minigolpe ha significado al menos que ante la opinión pública peruana se reavivase el debate sobre la corrupción de sus dirigentes. Esperemos que de esta convulsión resulten, no movimientos involucionistas de carácter totalitario como el promovido por los fracasados hermanos Humala, sino una decidida apuesta por el saneamiento de la democracia.

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posted by Freelance at 1:06:00 p. m.