jueves, febrero 10, 2005

Más vale nazi en mano (aunque sea muerto) que comunista volando

Leemos en A Fistful of Euros una noticia tomada del Frankfurter Allgemeine Zeitung según la cual la revista corporativa del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania ha dejado de publicar obituarios de diplomáticos que a lo largo de su vida pertenecieron al Partido Nazi.
Aparte constituir una muestra más de esa afición tan absurda (y estéril) que tienen algunos por borrar el pasado (como si en tiempos de Hitler hubiera sido posible ingresar en la diplomacia del Reich sin afiliarse al partido), esta noticia, nimia sin duda, pone de manifiesto una vez más una verdad enunciada por Revel con su habitual sentido común y su conocida contundencia: a pesar de que el Nazismo (o el Fascismo) han dejado de ser una amenaza para la libertad y la seguridad de las naciones y, de hecho, puede decirse que ya no existen más, son muchas más las iniciativas y campañas que se llevan a cabo en todo el mundo para contrarrestar al Nazismo que al Comunismo, el mismo Comunismo que hoy, día 10 de febrero de 2005, mantiene en la opresión y la miseria a bastantes centenares de millones de personas.
Basta reflexionar sobre el hecho de que esta extemporánea y ridícula negación de las honras fúnebres a cuatro ex nazis decrépitos (algunos de los cuales, como señala con acierto el artículo de AFOE, probablemente luchó contra el Nazismo con gran determinación e incontables riesgos) coincide casi exactamente en el tiempo con la suspensión por parte de la Unión Europea de las sanciones que pesaban sobre régimen estalinista de Fidel Castro, y con la visita del Presidente andaluz Cháves al Carnicero de la Habana, visita que el primero ha aprovechado para afirmar que considera una persona fascinante al bandolero del Granma.
Está claro que resulta mucho más fácil, cómodo y exento de riesgos rematar en el suelo a los cadáveres de los viejos nazis que enfrentarse a los arsenales, tanto de armas como de mentiras propagandísticas, del comunismo rampante y sus apoyos incondicionales en los medios de comunicación, los ámbitos académicos (ah, alargada sombra de Gramsci) y los partidos políticos de medio Occidente. De hecho, muchos leerán este artículo y entenderán en él que a mí me parece mal que se condene el Nazismo, incluso que soy yo mismo un Nazi irredento.
Yo, sin embargo, creo que quienes tenemos un mínimo apego a la libertad debemos embarcarnos seriamente en la batalla de demostrar que el Nazismo y el Comunismo no son sino el anverso y el reverso de una misma, tenebrosa moneda. Y como tal deberían ser igualmente tratados.

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posted by Freelance at 9:08:00 p. m.