viernes, febrero 11, 2005

Por qué votaré NO a la Constitución Europea (2)

Segunda entrega de motivos por los que votaré NO a la Constitución Europea, después del largo intervalo que he dejado pasar desde que publiqué el número 1 de la serie.

2. PORQUE NO LA ENTIENDE NI SU PADRE.

Con frecuencia se nos acusa a los profesionales del Derecho de que nos expresamos de una forma enrevesada y críptica, inasequible al común de los mortales, e incluso de que lo hacemos sin necesidad, sólo con el fin de perpetuarnos en esa especie de estatus, semejante al de Oráculos del Saber Jurídico, que nos hace reverendos e imprescindibles.

Yo no estoy de acuerdo con ese juicio tan severo, claro. Pedir que el lenguaje jurídico se vuelva sencillo es como pedir lo mismo del lenguaje propio de los neurólogos, los ingenieros termonucleares o los analistas de sistemas. A materias de índole compleja corresponde un lenguaje igualmente complejo. Y no por un rasgo de elitismo universitario de ninguna clase: yo, por ejemplo, soy incapaz de entender el habla de un campesino o de un guardabosque.

Este principio, ¿debe aplicarse a la Constitución Europea? ¿Es justificable su carácter marcadamente ininteligible a causa de la complejidad de los asuntos que trata? ¿Existen razones por las cuales debamos asumir con espíritu deportivo la existencia de artículos como, por ejemplo, este?

Las lenguas en las que todo ciudadano de la Unión tendrá derecho a dirigirse a las instituciones u órganos en virtud de la letra d) del apartado 2 del artículo I-10 y a recibir una contestación son las que se enumeran en el apartado 1 del artículo IV-448. Las instituciones y órganos contemplados en la letra d) del apartado 2 del artículo I-10 son los que se enumeran en el segundo párrafo del apartado 1 del artículo I-19 y en los artículos I-30, I-31 y I-32, así como el Defensor del Pueblo Europeo.

La respuesta es No.

Una vez más, debemos recordar que la Constitución es un texto Jurídico, sí, pero singular, en tanto que ocupa la cúspide del Ordenamiento. Las materias que debe tratar no son complejas, sino muy simples, y a ellas corresponde aplicar un lenguaje igualmente simple. Puede resultar extremadamente complejo hallar el concepto gnoseológico de Libertad, pero la expresión jurídica de ese concepto, elevado a la categoría de principio, es muy sencilla, y no hay necesidad de darle vueltas. Por el contrario, no tiene sentido que la Constitución se ocupe de materias tales como cierto informe que la Comisión debe elevar cada tres años al Parlamento en relación con el cumplimiento de no sé qué artículo (Art. III-129); el derecho que tienen los trabajadores a responder a ofertas efectivas de trabajo (Art. III-133, 3, a); la especial protección de los vegetales que pueda suponer una cortapisa a las importaciones y exportaciones intracomunitarias (Art. III-154); la facultad del Consejo de pedir a la Comisión la elaboración de ciertos estudios (Art. III-345); o si la Comisión debe transferir los activos que posea en la moneda de un estado miembro a la moneda de otro en función de según que criterios (Art. III-411). La mayor parte de estas disposiciones responde a un exceso de regulación en cualquier caso; pero aunque así no fuera, la Constitución no es el texto adecuado para reflejarlas: para eso están las demás normas, desde las Leyes a los Reglamentos, que no tienen la misión de desarrollar la Constitución como muchos afirman, sino que se inspiran en ella para establecer la regulación que corresponda a cada asunto según su rango.

La Constitución, como cúspide de la pirámide normativa, debe contener exclusivamente la plasmación jurídica de aquellos principios fundamentales que inspiran el resto del ordenamiento, sin entrar nunca en la regulación concreta de ningún asunto y, como tal, debe ser objeto de una especial protección jurisdiccional. Si, por un exceso de garantismo (o un desmedido afán regulatorio) se incluye en la Constitución el deslinde de predios, la actualización del salario de los trabajadores públicos o el régimen de contratas municipales, no sólo no se refuerza la garantía jurisdiccional sobre dichos asuntos, sino que se diluye la función real de la Constitución, menoscabando la verdadera importancia de la función constitucional como garante de los Principios Fundamentales y las Libertades Públicas y privando, en suma, al Ordenamiento de su espinazo.
Actualización:
En Zumbador encontramos el modelo oficial de papeleta que se utilizará en el Referendum, en este caso la que dice NO. Habrá que estar vigilantes para que, efectivamente, sea esa la finalmente utilizada: visto como pintan las cosas, tal vez se les ocurra imprimir las papeletas del NO con una frase del estilo: "¿Es usted un europeista convencido, amante del Estado del Bienestar y la concordia entre los pueblos, que alberga en su corazón un ansia infinita de paz?" Respuesta: NO.

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posted by Freelance at 12:57:00 p. m.