domingo, febrero 13, 2005

Por qué votaré NO a la Constitución Europea (3)

3. PORQUE ES DE IZQUIERDAS.

Me sorprende mucho que los radicales de izquierda, representados en España por Gaspar Llamazares, pidan el NO en el próximo Referéndum bajo la peregrina especie de que el texto del Tratado es liberal y no resulta lo bastante social. Bueno, en realidad no me sorprende porque el nivel de cretinismo de Llamazares y compañía excede cualquier cálculo; lo sorprendente, abstracción hecha de quién lo esgrima, es el argumento en sí mismo. Porque el texto es fundamentalmente izquierdista.

Aunque son muchos los aspectos en los que el texto constitucional muestra su carácter de izquierda, tantos que, si quisiera exponerlos en este artículo lo convertiría en algo semejante al tapiz de Bayeaux, quiero centrarme en dos, a saber: 1. el pacifismo que se desprende de los llamados objetivos de la Unión y 2. la concepción básicamente intervencionista de su concepción del mercado. En el artículo de hoy vamos a tratar brevemente el primer punto.

3.1. Porque es pacifista.
El Pacifismo en la Constitución Europea.

Ya he mencionado en artículos anteriores que, desde el punto de vista técnico-jurídico, la Constitución es un verdadero desastre, y es imposible seguir un mínimo hilo sistemático dentro de su desmesurado y tumefacto cuerpo. Esta falta de consistencia resulta especialmente alarmante en lo que se refiere a los Objetivos de la Unión a la cual este texto debe servir de Carta Magna. En el preámbulo (que, como cualquier jurista sabe, es un instrumento de primer orden para realizar la llamada interpretación auténtica de un texto legal, es decir, para conocer la verdadera voluntad del legislador) se nos dice que Europa se ha desarrollado sobre unos determinados valores, como son

los derechos inviolables e inalienables de la persona humana, la democracia, la igualdad, la libertad y el Estado de Derecho,

Donde, curiosa y alarmantemente, se coloca la Igualdad por delante de la Libertad. No contento con eso, el legislador afirma que, sobre la base de esos valores, Europa se propone

avanzar por la senda de la civilización, el progreso y la prosperidad por el bien de todos sus habitantes, sin olvidar a los más débiles y desfavorecidos; de que quiere seguir siendo un continente abierto a la cultura, al saber y al progreso social; de que desea ahondar en el carácter democrático y transparente de su vida pública y obrar en pro de la paz, la justicia y la solidaridad en el mundo,

Según esta frase, pudiera parecer que los objetivos básicos de la Unión serían, por este orden: seguir la senda de la civilización, el progreso y la prosperidad; abrirse a la cultura, el saber y el progreso social; ahondar en la democracia y la transparencia en la vida pública; obrar en pro de la paz, de la justicia, y de la solidaridad, y estos tres últimos propósitos en relación con todo el mundo. De modo algo tautológico, se afirma que basándose en los valores de la democracia la Unión se propone ahondar en la democracia; las referencias a la libertad, sin embargo, han desaparecido y se menciona, como de pasada, la paz.

Nos adentramos en la lectura del articulado de la Constitución con la impresión de que el legislador tiene un lío formidable en la cabeza y se ha propuesto amontonar en el texto, sin asomo de sistemática, todas las palabras que suenan bien. Nos lo confirma el Art. I-2, donde se enumeran los valores de la Unión, cuyo tenor literal es éste:

La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.

No está mal: aquí, la libertad aparece mencionada en segundo término, después de la dignidad humana (que es más una expresión literaria que jurídica, porque no cabe entender la dignidad como cosa distinta del estado de un hombre con su libertad intacta). Sin embargo, cuando por fin en el Art. I-3 el legislador europeo entra en harina y se decide a tomar el toro por los cuernos enumerando los Objetivos de la Unión, empieza diciendo lo siguiente:

1. La Unión tiene como finalidad promover la paz, sus valores y el bienestar de sus pueblos.

2. La Unión ofrecerá a sus ciudadanos un espacio de libertad, seguridad y justicia […]

Esto ya no es verborrea más o menos politically correct: esto es, de verdad, una disposición normativa. Y en ella vemos reflejada, en primer lugar (entendemos: como objetivo principal), la paz, seguida del bienestar. Sólo en segundo lugar se enumeran la libertad, la seguridad y la justicia.

Olvidemos ahora la mención al bienestar, que parece una reivindicación nada sutil de ese Estado del Bienestar tan del gusto de los izquierdistas y que tan calamitoso ha resultado para el progreso de muchos pueblos de Europa, y centrémonos en la referencia privilegiada a la paz. Nunca terminaré de entender el prestigio injustificable, pero abrumador, de la palabra paz en Occidente. La paz, qué duda cabe, es una consecuencia muy deseable de la acción política, pero en modo alguno su objetivo, como sí lo son la libertad y la justicia, objetivos tan elevados que justifican por sí mismos el empleo de la violencia con el fin de asegurarlos o restituirlos, aun a costa de la propia paz. Nada tiene de extraño que, históricamente, la paz haya sido ardorosamente reivindicada y buscada por quienes aspiran a violar la libertad y la justicia de forma impune: Hitler se apresuró a firmar la Paz con la URSS y la buscó con Gran Bretaña para así poder atentar contra la libertad de los propios alemanes, los polacos o los checos; la URSS se dedicó a financiar toda clase de movimientos pacifistas en occidente con el propósito de adormecer la capacidad de respuesta de las democracias contra la monstruosa campaña soviética de represión interior y exterior; en fechas bien recientes hemos sabido que Saddam Husein financió toda la farsa pacifista del No a la Guerra para crear en occidente un estado de opinión contrario a la intervención diseñada para poner freno a su política de violación constante de la libertad. Hoy día, la paz es la reivindicación más querida por los izquierdistas como contrapunto a la política exterior de los EE.UU.; sus principales beneficiarios son los tiranos, generalmente comunistas, deseosos de llevar a sus pueblos la paz, sí, pero la paz de los cementerios; sus principales víctimas, los súbditos de esos mismos pueblos sometidos a la tiranía.

Ni siquiera el recuerdo espantoso de las guerras que asolaron Europa en la primera mitad del s. XX justifica este enaltecimiento de la paz por encima de cualquier otra consideración. Aquellas guerras no fueron simples atentados contra la paz ajenos a cualquier motivo de fondo, sino que nacieron como consecuencia de la agresión a la libertad cometida por el gobierno de un país; no conviene olvidar, por cierto, que gracias a esas guerras disfruta Europa ahora de un aceptable nivel de libertad. Enumerar la paz como objetivo número uno de la Unión es, por tanto, una simple concesión al ñoñismo pacifista de izquierdas bajo el que se oculta algo mucho menos ñoño, como es la busca de la impunidad para quienes buscan quebrar el valor principal, y casi único, que un ordenamiento debe garantizar: la libertad.

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posted by Freelance at 4:47:00 p. m.