lunes, marzo 21, 2005

Divide y vencerás (II)

(A ver si puedo recobrar, como Proust, algo del tiempo perdido; llevo varios días sin poder postear desde casa, porque el ADSL de Telefónica se me cae cada dos por tres. He pedido el cambio a Wanadoo lo que, de seguro, significará que estaré semanas sin uno ni otro, pero en fin. El caso es que tengo tanto material atrasado que necesitaría estar posteando sin parar hasta pasado mañana).
El obvio vaticinio que hacía en el post del viernes en relación con las verdaderas intenciones que se ocultan tras la desaforada campaña de ruptura del Espíritu de la Transición desarrollada por el Gobierno de España se está cumpliendo de una forma mucho más rápida y fiel de lo que yo mismo creía posible. Mientras algunos dirigentes del Partido Popular caen en la trampa dialéctica planteada por el Gobierno, en el Grupo PRISA se apresuran ya a movilizar a la extrema derecha; en el número de hoy de El País se publica un artículo de José Luis Barbería que, con la excusa del "estudio periodístico", propone descaradamente las bases para la formación de un partido de extrema derecha en España.
Sin embargo, un lector apuntaba en los comentarios al post anterior en FC lo que es una realidad histórica y una consecuencia lógica, y ni en la una ni en la otra están muy duchos nuestros lerdos gobernantes: esa estrategia de sangrar a la derecha moderada abriéndole el costado derecho han fracasado ya antes, muy especialmente en la Francia de Mitterrand.
En estas páginas se ha afirmado ya alguna vez, de pasada, que la dialéctica entre Izquierda y Derecha es falsa, y que la única confrontación verdadera en el terreno político es entre totalitarismo y liberalismo. Alentar la formación de un partido totalitario pretendidamente situado a la derecha del Partido Popular puede restar algunos votos a los nostálgicos del franquismo, pero a quien verdaderamente terminaría apuntando es a los votantes de los partidos de izquierda que tengan rentas bajas y sean habitantes de las regiones más pobres.
El propio Barbería, en su artículo, apunta a la verdadera causa sociológica que puede alentar la eclosión de un partido de corte extremista, mucho más que las acciones cosméticas del estilo de la retirada de la estatua de Franco: la inmigración. Los grandes partidos xenófobos europeos (y muy principalmente el Frente Nacional de Jean Marie LePen) han encontrado en el fenómeno de la inmigración y en la llegada más o menos descontrolada de trabajadores desde los países pobres el verdadero mensaje con que cautivar a un respetable conjunto de votantes. Las soflamas nacionalistas, las apelaciones al volkgeist, al espíritu histórico, a las esencias, a la raza, no son más que la tramoya propagandística que envuelve la motivación económica que anima a dichos partidos y a sus votantes: la competencia que, en el mercado de trabajo, hacen los inmigrantes a los empleados de rentas más bajas.
Salvo fenómenos más o menos excepcionales y minoritarios, los votantes de izquierda suelen encontrarse entre las capas más humildes de la población y, sobre todo, entre los trabajadores relacionados con los sectores primario (agrícola) y secundario (industria) de la actividad económica, cuya subsistencia se basa en empleos de escasa cualificación generalmente sobrevalorados dentro del sistema productivo a causa de los mecanismos de solidaridad social, salario mínimo y protección sindical de las sociedades avanzadas. La llegada de inmigrantes en masa significa una amenaza real contra su forma de vida, es decir, contra su empleo, ya que los inmigrantes, igualmente faltos de cualificación en general, están dispuestos a ofertar su empleo a precios muy inferiores. Difícilmente un votante medio de un partido liberal-conservador (empresario o profesional urbano vinculado al sector terciario) percibirá a los inmigrantes como una amenaza sino, en general, como una ventaja competitiva importante, un medio de abaratar los costes y de generar más actividad económica, sin que sus empleos (basados en la aplicación de capital o en la explotación de una cualificación mayor) corran peligro.
No es de extrañar que el Frente Nacional en Francia haya obtenido siempre sus mejores resultados en las áreas más afectadas por la inmigración entre los votantes de rentas más bajas (por ejemplo, en la región del Mediodía), es decir, entre los votantes que compiten con los inmigrantes por los empleos de baja cualificación. Sintomáticamente, los más leales votantes del Frente Nacional son los inmigrantes de segunda generación, es decir, aquellos que ya han conseguido su nacionalidad y su empleo y no desean que nuevas oleadas de inmigrantes les desplacen como ellos desplazaron en su día a los franceses de renta más baja.
Recuerdo que, hace unos años, un periodista deportivo que iba para el Pullitzer, durante una entrevista a Zinedine Zidane, se permitió hacerle una observación al futbolista, mostrando su alarma ante los buenos resultados del FN en ciertas elecciones regionales, y esperando sin duda obtener una respuesta igualmente alarmada del astro francés. Muy al contrario, Zidane respondió que el FN es una buena opción política para los franco-argelinos que abundan en Marsella, porque les promete que nadie llegará a quitarles su empleo y a disputarles su espacio social. El periodista se quedó de piedra, claro.
Tampoco hace tanto (en 2001), las asociaciones sindicales de angoleños de Portugal elevaron al Gobierno del país vecino una airada protesta contra la política aperturista que propiciaba la llegada de abundantes inmigrantes de Europa del Este, de Rumanía y Bulgaria sobre todo. Los angoleños basaban su protesta, curiosamente, en los lazos de arraigo de los naturales de este país africano en Portugal (consagrando de este modo las pretendidas bondades del colonialismo), arraigo que negaban a los propios europeos. Como es lógico, lo único que se ocultaba bajo la protesta era un interés económico: los rumanos y búlgaros se integraban con facilidad, generalmente gozaban de una cualificación muy superior a los africanos y se conformaban con salarios más bajos: demasiado para unos sindicatos ya firmemente impregnados del stablishment del Estado del Bienestar europeo.
El mensaje racista y nacionalista español que cabe esperar de un partido de pretendida extrema derecha no calará entre las clases urbanas y prósperas de Madrid o de Valencia, sino que encontrará sus mejores caladeros entre los votantes españoles de Andalucía o Extremadura, es decir, aquellos que se ven doblemente perjudicados por la llegada de inmigrantes irresponsablemente propiciada por el Gobierno del PSOE y por la destrucción del sistema de solidaridad nacional que pretenden sus socios nacionalistas y que dejaría a sus regiones, deficitarias, a merced de sus recursos propios. En todo caso, un partido como ese servirá también para crispar aún más la vida política en España, para reabrir heridas, para azuzar el conflicto racial en nuestro país; problemas todos ellos que no parece que quiten el sueño a Zapatero y a su Gobierno, con tal que puedan representarle un puñado más de votos. Sin embargo, ignorantes como son, desconocen que acaso con ello estén cavando su propia fosa en el futuro inmediato.
ACTUALIZACIÓN:
Carmelo ha posteado sobre la misma historia al mismo tiempo.
También Agados en HispaLibertas.

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posted by Freelance at 11:05:00 a. m.