jueves, marzo 03, 2005

El pescado y la caña.

Oxfam, en colaboración con ActionAid, ha publicado un informe en relación con la real eficiacia de las políticas de ayuda a los países pobres. El estudio puede encontrarse aquí (Resumen Ejecutivo y enlace al estudio completo en .pdf), y he llegado a él siguiendo una cadena algo tortuosa: vía Globalization Institute, vía a su vez The Liberty Cadre. El estudio forma parte del conjunto de recomendaciones y comentarios surgidos alrededor de la Cumbre Mundial de París donde los países más desarrollados debatirán la forma de mejorar la eficacia con que las ayudas llegan a los países pobres o afectados por catástrofes naturales como el maremoto del Índico.
Vamos a dudar razonablemente sobre la capacidad real de Oxfam de emitir juicios independientes en relación con la materia, teniendo en cuenta que, lejos de circunscribir su acción a la gestión de ayudas con destino al tercer mundo, es en realidad una organización de acción política alineada con las modernas tendencias antisistema que pretenden, dicho de forma muy resumida, dinamitar la economía de mercado y destruir el modo de vida occidental. Las ligazones de Oxfam con dicho orbe ideológico son conocidas y abundantes: Oxfam presta su patrocinio y cobertura a iniciativas generalmente destructoras de la competitividad y la riqueza, como el mal llamado Comercio Justo, por no mencionar la colaboración estable y estrecha con ATTAC, su participación entusiasta en el Foro alternativo de Porto Alegre o su patrocinio de la Editorial Icaria, editora de numerosas obras de divulgación del neo-marxismo antioccidental firmadas por Naomi Klein, Susan George, etc.
Tal vez precisamente por eso el Informe de Oxfam - ActionAid es especialmente revelador del verdadero papel de las ayudas como instrumento de generación de renta en los países pobres. El informe muestra, de hecho, una serie de datos preocupantes sobre el destino real de las ayudas, que se resumen en una conclusión desalentadora: el 80% de las ayudas no llegan nunca a su destino, fundamentalmente por dos razones: intereses económicos en el origen (el fenómeno denominado round-tripping, es decir, que las ayudas sean concedidas a condición de que los proveedores de los bienes sean naturales del país que presta la ayuda); y elevadas burocracias en destino (causadas por las más de 80 agencias oficiales y las 35.000 transacciones de ayuda anuales).
En las organizaciones como Oxfam no dan puntada sin hilo. Una de las medidas correctoras que proponen para corregir la situación consiste en desligar las ayudas de los proyectos concretos de desarrollo. Con lúcida ironía, Alex Singleton, del Globalization Institute, afirma que esa medida tiende exactamente a producir los efectos contrarios: ayudas que terminan en cuentas suizas o en el mercado de compra de armas. Una larga experiencia en relaciones internacionales con países pobres (generalmente gobernados por tiranías) demuestra que las ayudas a fondo perdido y las transferencias sin supervisión son aprovechadas por los gobernantes para sus fines militares o para su enriquecimiento personal: el ejemplo de Saddam y Petróleo por Alimentos está reciente, pero no conviene olvidar los casos de Etiopía y el resto de repúblicas del cinturón central del continente africano, donde las ayudas casi nunca han llegado a la población, sino que han sido empleadas en armar a los grupos combatientes de las guerras tribales y en enriquecer a los tiranos hasta el delirio.
Las contradicciones e ineficiencias que el informe pone sobre la mesa no deberían llevarnos al estudio sobre la mejora de la política de ayudas sino, como propone Singleton, a su definitiva postergación en favor de la única medida que se ha probado eficaz en el combate contra la pobreza: el comercio libre. Y para que el comercio ejerza sin cortapisas su verdadera función generadora de riqueza, no pueden eludirse tres medidas a las que sin embargo Oxfam y las organizaciones del mismo corte se oponen ferozmente: la eliminación de barreras arancelarias, la liberalización del mercado de productos agrícolas y materias primas y la progresiva migración de los centros de producción primaria desde los países ricos hacia los países con menos renta.
Mientras eso no suceda no existirá de verdad una esperanza de desarrollo y de libertad para las poblaciones de los países pobres. Curiosamente, quienes se oponen a la implantación de dichas medidas son los mismos que se calzan la gorrita del Ché, se arrogan la defensa en exclusiva de los parias de la Tierra y lloran lágrimas de cocodrilo sobre las ayudas malgastadas.

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posted by Freelance at 10:52:00 a. m.