martes, marzo 29, 2005

Por si también quieren enlazarlo

Señores de Ibarreche.com:
Quiero manifestarles mi extrañeza. Mi extrañeza por el hecho de que, por dos veces, hayan enlazado ustedes mi bitácora desde la suya, llamada de precampaña. Y si siento extrañeza es porque no cabe encontrar similitud alguna entre las posiciones que ustedes representan y las que, en mi reducida escala, defiendo yo.
Cierto que, en un artículo de no hace muchos días, afirmé que su bitácora es, técnicamente, la mejor con mucha diferencia de entre las de los candidatos de los tres principales partidos que concurren a las ya vecinas elecciones vascas. Acompañan ustedes el enlace del siguiente comentario: "si lo dice hasta un PPero, debe ser verdad". Con esa ignorancia del rigor que les caracteriza, y que es propia de quien obra desde el impune desprecio de los demás, me adjudican la condición de militante o simpatizante del Partido Popular sin que les conste a ustedes dicho extremo. Por otra parte, puesto que son ustedes aficionados a encontrar la paja de la ortografía en el ojo ajeno, ya les señalo yo una viga en el suyo propio: la construcción correcta de la frase suprascrita es "si lo dice hasta un PPero, debe de ser verdad". Pueden ustedes consultar para confirmación de tal extremo el Esbozo para una nueva gramática de 1973, si es que su cerrazón nacionalista no se lo impide, ya que la institución responsable de la publicación del Esbozo es la Real Academia Española. Habrá que perdonarles, en todo caso, el desliz: casi treinta años de destrucción académica a cargo de la política vasca de educación no sólo hacen estragos en los conocimientos de Historia y en los fundamentos morales de los jóvenes sino también, por lo que se ve, en el manejo del idioma.
Sin embargo, si bien es cierto que su página web me parece mejor que la de los otros candidatos, eso no tiene otra causa que el mayor presupuesto que ustedes pueden destinar a su creación y mantenimiento; presupuesto que probablemente procede de la depredación que el PNV viene practicando sobre el presupuesto desde hace casi 30 años y que procede del bolsillo, no de todos los vascos, sino de todos los españoles. Por otra parte, mi reconocimiento de la excelencia técnica de la web no supone pronunciamiento alguno por mi parte sobre sus contenidos; de hecho, creo que se trata de una buena web puesta al servicio de los fines más perversos.
Pero permítanme que me extienda un poco en el relato de mis desacuerdos con las posiciones que ustedes representan, en la confianza que, igual que hicieron en las dos ocasiones anteriores, enlazarán también ustedes este artículo, para contraste de sus lectores, o al menos eso espero.
La causa primera de mi oposición a sus ideas, desde luego, es que se fundamentan en las de un loco como Sabino Arana, a quien sólo una profunda desviación moral puede elevar a los altares míticos donde el nacionalismo vasco le tiene instalado. Sabino Arana, y consta en sus numerosos opúsculos, fue un sujeto inspirado por una profunda ignorancia de la realidad histórica, una mezquina miseria moral y una escandalosa profesión de fe racista. Ignoro si ustedes, señores que elaboran Ibarreche.com, han leído alguna vez estas líneas que reproduzco: posiblemente no, ya que las ideologías como la suya se elevan siempre sobre la ignorancia, la mentira y la censura. Pocas esperanzas tengo, sin embargo, de cambiarles la opinión; alguna de remorderles la conciencia.
«Les aterra el oír que a los maestros maketos se les debe despachar de los pueblos a pedradas. ¡Ah, la gente amiga de la paz...! Es la más digna del odio de los patriotas».
«Tanto están obligados los bizkainos a hablar su lengua nacional, como a no enseñársela a los maketos o españoles. No el hablar éste o el otro idioma, sino la diferencia del lenguaje es el gran medio de preservarnos del contacto con los españoles y evitar así el cruzamiento de las dos razas».
« La fisonomía del bizkaino es inteligente y noble; la del español, inexpresiva y adusta.
El bizkaino es de andar apuesto y varonil; el español, o no saber andar (ejemplo, los quintos) o si es apuesto es tipo femenil (ejemplo, el torero).
El bizkaino es nervudo y ágil; el español es flojo y torpe.
El bizkaino es inteligente y hábil para toda clase de trabajos; el español es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos. Preguntádselo a cualquier contratista de obras y sabréis que un bizcaino hace en igual tiempo tanto como tres maketos juntos.
El bizkaino es laborioso (ved labradas sus montañas hasta la cumbre); el español, perezoso y vago (contemplad sus inmensas llanuras desprovistas en absoluto de vegetación).
El bizkaino es emprendedor (leed la historia y miradlo hoy ocupando elevados y considerados puestos en todas partes... menos en su patria); el español nada emprende, a nada se atreve, para nada vale (examinad el estado de las colonias).
El bizkaino no vale para servir, ha nacido para ser señor ("etxejaun"); el español no ha nacido más que para ser vasallo y siervo (pulsad la empleomanía dentro de España, y si vais fuera de ella le veréis ejerciendo los oficios más humildes).
El bizkaino degenera en carácter si roza con el extraño; el español necesita de cuando en cuando una invasión extranjera que le civilice.
El bizkaino es caritativo aun para sus enemigos (que lo digan los lisiados españoles que atestan las romerías del interior y mendigan de caserio en caserio); el español es avaro aun para sus hermanos (testigo, Santander cuando pidió auxilio a las ciudades españolas en la consabida catástrofe).
El bizkaino es digno, a veces con exceso, y si cae en la indigencia, capaz de dejarse morir de hambre antes de pedir limosna (preguntádselo a las Conferencias de San Vicente de Paúl); el español es vago hasta el colmo, y aunque se encuentre sano, prefiere vivir a cuenta del prójimo antes que trabajar (contad, si podéis, los millares de mendigos de profesión que hay en España y sumadlos con los que anualmente nos envía a Euskeria).
Interrogad al bizkaino qué es lo que quiere y os dirá "trabajo el día laborable e iglesia y tamboril el día festivo"; haced lo mismo con los españoles y os contestarán pan y toros un día y otro también, cubierto por el manto azul de su puro cielo y calentado al ardiente sol de Marruecos y España.
Ved un baile bizkaino presidido por las autoridades eclesiásticas y civil y sentiréis regocijarse el ánimo al son del "txistu", la alboka o la dulzaina y al ver unidos en admirable consorcio el más sencillo candor y la más loca alegría; presenciad un baile español y si no os acusa náuseas el liviano, asqueroso y cínico abrazo de los dos sexos queda acreditada la robustez de vuestro estómago, pero decidnos luego si os ha divertido el espectáculo o más bien os ha producido hastío y tristeza.
En romerías de bizkainos rara vez ocurren riñas, y si acaso se inicia alguna reyerta, oiréis sonar una media docena de puñetazos y todo concluido; asistid a una romería española y si no veis brillar la traidora navaja y enrojecerse el suelo, seguros podéis estar de que aquel día el sol ha salido por el Oeste.
El aseo del bizkaino es proverbial (recordad que, cuando en la última guerra andaban hasta por Navarra, ninguna semana les faltaba la muda interior completa que sus madres o hermanas les llevaban recorriendo a pie la distancia); el español apenas se lava una vez en su vida y se muda una vez al año.
La familia bizkaina atiende más a la alimentación que al vestido, que aunque limpio siempre es modesto; id a España y veréis familias cuyas hijas no comen en casa más que cebolla, pimientos y tomate crudo, pero que en la calle visten sombrero, si bien su ropa interior es "peor menealla".
El bizkaino que vive en las montañas, que es el verdadero bizkaino es, por natural carácter, religioso (asistid a una misa por aldea apartada y quedareis edificados); el español que habita lejos de las poblaciones, o es fanático o es impío (ejemplos de los primero en cualquier región española; de los segundo entre los bandidos andaluces, que usan escapulario, y de lo tercero, aquí en Bizkaya, en Sestao donde todos los españoles, que no son pocos, son librepensadores)
Oidle hablar a un bizkaino y escuchareis la más eufónica, moral y culta de las lenguas; oidle a un español y si solo le oís rebuznar podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes ni blasfemias.
El bizkaino es amante de su familia y su hogar (cuanto a lo primero, sabido es que el adulterio es muy raro en familias no inficionadas de la influencia maketa, esto es, en las familias genuinamente bizkainas; y cuanto a lo segundo, si el bizkaino por su carácter emprendedor se ausenta de su hogar no le pasa día en que no suspire por volver a él); entre los españoles, el adulterio es frecuente así en las clases elevadas como en las humildes, y la afección al hogar es en estas últimas nula porque no la tienen.
Por último, según la estadística, el noventa y cinco por ciento de los crímenes que se perpetran en Bizkaya se deben a mano española, y de cuatro de los cinco restantes son autores bizcainos españolizados.

Decid, pues, ahora si el bizkaino es español por su tipo, carácter y costumbres .»
(Sabino Arana: "¿Qué somos?" Obras Completas. Ed. Sabindiar Batza. Bs. As. 1965).

Estas máximas y aforismos demuestran desde una pueril estupidez sin límites, rayana con lo psiquiátrico, hasta una bárbara maldad, que el nacionalismo vasco del presente ha premiado con una avenida en Bilbao, un homenaje anual y una veneración permanente de la memoria de tal individuo. Ningún argumento de la tierra podrá convencer nunca a nadie de la posibilidad de extraer de un sujeto capaz de escribir tales desvaríos una enseñanza cierta, mucho menos toda una línea de acción política que no se base en la brutalidad, el odio y la tiranía.
Otra razón por la que no puedo compartir sus posiciones es por la aureola hipócrita de víctimas con que ustedes se revisten. En España se lleva cosechada una siniestra mies de casi 1000 víctimas segada por la hoz del nacionalismo vasco, no al revés. Ustedes no tienen derecho a calzarse el uniforme de las víctimas, porque les cuadra mucho más el de los verdugos. En cuanto a la presunta opresión que sufren como pueblo, no está de más señalar que el ordenamiento jurídico español y europeo les garantiza idénticos derechos y libertades que al resto de españoles y europeos, incluso les concede prerrogativas en materia de fiscalidad que no disfrutan otras regiones; sin embargo ustedes no se apean de su embustera cantinela, haciendo parecer que España les oprime algún derecho. Eso es mentira. Y no me saquen el derecho de autodeterminación, ni el derecho de la Patria vasca a decidir su propio futuro: esos derechos no existen, no son más que construcciones artificiosas y vacías, porque no existen otros derechos que los de los individuos, ni existe ni ha existido nunca una Patria vasca, ni en el Derecho ni en la Historia.
En todo caso, tendrán ustedes razón si responden que no soy yo el más indicado para defender al Estado español, a ningún Estado porque, en mi condición de liberal, me cuadra más bien desconfiar de los estados que defenderlos. Eso no quiere decir que no pueda defender la idea de España, distinta y preexistente de la de Estado español, y sobre la cual se articula el ordenamiento que garantiza las razonables libertades que todos, también ustedes, disfrutamos; esas mismas libertades que a ustedes les permiten decir en su bitácora lo que mejor les parece, lo mismo que a mí en la mía; esa libertad contra la que sus aliados de Herri Batasuna atentan cada día; la que les falta a Miguel Ángel Blanco, a Pazaurtundua, a Buesa, a Gregorio Ordóñez, a Mújica, a tantos y tantos a quienes sus correligionarios nacionalistas de ETA arrancaron la vida y, con ella, el supremo atributo que la anima, que es la libertad; esa libertad que sólo cabe reconocerles a los individuos y que ustedes llevan muchos años conculcando en nombre de los falsos e inexistentes derechos de un presunto pueblo vasco que no existe y que, de existir, no es sujeto de derecho alguno distinto de los derechos de todos y cada uno de los individuos que lo componen.
No, seguramente no soy el más indicado para defender al Estado español, porque no creo en ningún estado; pero en el último que creería, y al que con más decisión y coraje considero mi deber combatir es precisamente ese que, en nombre de un puñado de mentiras y delirios, por encima del sufrimiento de quienes no comulgan con sus ruedas de molino y con escarnio de la memoria de quienes murieron por oponerse a él, quieren ustedes construir: el estado nazionalista vasco.

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posted by Freelance at 4:32:00 p. m.