lunes, marzo 07, 2005

¿A qué juega Manjón?

Cuando uno habla de política en este país (se supone que también en muchos otros) debe adoptar todo tipo de precauciones para que sus palabras no sean vueltas del revés como un calcetín. Con frecuencia, si uno dice por ejemplo que el comunismo es una lacra, sus palabras pueden ser convertidas en: "Fulano es fascista"; o si afirma que la intervención en Irak fue justificada muchos entenderán: "Fulano se alegra de que mueran niños irakíes".
Por eso tengo que empezar diciendo que la Sra. Manjón me parece digna de toda la caridad humana a causa de la dramática pérdida de su hijo; decía un poeta argentino a quien el Régimen Militar le había matado uno de los suyos que "no hay nada más doloroso que el hecho, contra natura, de que un padre lleve a enterrar a un hijo: son los hijos quienes deben enterrar a sus padres y no al revés". Por esa causa, la peripecia vital de Pilar Manjón me inspira una gran compasión y me produce un hondo respeto.
Dicho esto, todavía no alcanzo a entender la razón última que anima sus actuaciones como Presidente de la Asociación 11-M, sobre todo en los últimos días.
Manjón ha ido acompañada por la polémica desde antes incluso de ser elegida Presidente de la Asociación 11-M. Apenas un mes después del atentado que acabó con la existencia de su hijo Daniel y de casi 200 personas más se descolgó con unas declaraciones que algunos, benevolentes, atribuirán al dolor por la muerte de Daniel; sin embargo, centenares de familiares vivían entonces un infierno se supone que semejante, y ninguno afirmó que los responsables de las muertes eran "Aznar, el Trío de las Azores". Por otra parte, Manjón se ocupó de vincular públicamente el horror vivido con la política al afirmar que, aún con el cuerpo de su hijo en el depósito, había acudido a cumplir con su obligación ciudadana y había ido a votar en las elecciones del 14 de marzo. Una actitud sin duda comprensible en una persona de marcada y conocida vocación política (es afiliada de CC.OO. y de IU), pero que requiere de una gran presencia de ánimo (que, según dicen quienes la conocen, no le falta) y no se comparece bien con la imagen ofrecida durante su intervención ante la comisión parlamentaria que investiga los atentados, con la lágrima fácil y el hilo de voz. Y ojo, esto es una opinión, creo que legítima, obtenida de la observación de los hechos, no una falta de respeto hacia el dolor de nadie y menos una burla hacia la memoria de nadie.
Precisamente Manjón fue designada portavoz de la Asociación 11-M muy poco tiempo antes de dicha intervención, tras la renuncia de la presidenta anterior, Clara Escribano, cuyo perfil bajo, añado yo, no debía de hacerla atractiva a ojos de quienes veían y ven en la Asociación un formidable submarino político contra el Partido Popular. Justo antes de estrenarse en el cargo se descolgó con otras declaraciones de calado, al afirmar que "los fascistas" que habían "acudido a provocarles" (se refería a quienes se manifestaron en apoyo de Aznar el día en que fue el ex-presidente quien compareció ante la comisión parlamentaria) "no iban en los trenes, les llevaba a clase su papá en el Audi". Una vez más, unas declaraciones que, juzgadas con indulgencia, han de ser calificadas de injustas y sectarias. Nada que ver con su declaración, días después, al ser elegida Presidente de la Asociación 11-M, cuando dijo que "no permitiría que nadie les manipulase".
Ya como Presidente, pocos pudimos entender que se abstuviese de acudir a la manifestación de apoyo a las víctimas que se organizó en Madrid y donde se dio la desdichada ocasión del zarandeo a Bono, ausencia que, además, justificó con excusas peregrinas o simplemente falsas. En realidad, da la impresión de que Manjón se ha esforzado por escoger escrupulosamente un camino por compleot separado del que siguen las víctimas de ETA, que son mayoría, y a quienes, dentro de la paranoia instalada en España desde el atentado y las elecciones de marzo de 2004, Manjón y muchos militantes de izquierda parecen identificar con el PP, cuando lo cierto es que la AVT aglutina a más víctimas del 11-M que la propia asociación presidida por Manjón.
Ya con el primer aniversario del atentado en puertas, la Comunidad de Madrid, de acuerdo con la Conferencia Episcopal, decidió que las campanas de la Comunidad tañesen al unísono justo en el momento en que se cumpla el año, en signo de homenaje y recuerdo a los muertos. Manjón, en un gesto aparentemente incomprensible, se opuso. Y digo aparentemente porque la explicación está en algunos comentarios sarcásticos de la propia Manjón donde queda claro que liga el sonido de las campanas con la religión cristiana. Haciendo un nuevo ejercicio de clemencia, diremos que la oposición de Manjón al homenaje propuesto por la Comunidad de acuerdo con la Conferencia Episcopal se antoja un acto de empecinamiento ideológico y de gran cortedad de miras.
La última, sin embargo, sí que no me la puedo explicar. Dentro de los diferentes actos que, de corazón, muchos estamentos y ciudadanos de a pie están organizando para recordar a los fallecidos del 11 de marzo se encuadra el concierto que la cantante Mercedes Ferrer había organizado de forma desinteresada. Sin previo aviso, la Asociación 11-M emitió un comunicado donde afirmaba que el concierto se posponía "por dificultades de organización que así lo aconsejan". Cual no será nuestra sorpresa cuando nos enteramos que los organizadores niegan cualquier problema organizativo, y que la cancelación se debe a una decisión de la propia Asociación.
Entonces es el momento de preguntarse a qué juega Pilar Manjón. Qué papel ha escogido para sí misma y si de verdad es consciente de la responsabilidad y la importancia de desempeñar una labor como la suya. Hasta hoy, una de las pocas cosas en las que la unanimidad de los españoles de uno y otro signo resultaba casi completa era en el apoyo a las víctimas del terrorismo. Hasta hoy, nunca se supo de disensiones ni de rupturas entre las víctimas, ni se habían alineado con tanta claridad de un lado u otro. Este triste proceso es consecuencia inevitable del indigno uso que la izquierda hizo y sigue haciendo del terrible atentado de hace casi un año: no se puede aspirar a que ese tipo de campañas se hagan sin consecuencias, gravísimas muchas veces. Por desgracia, y pese a su retórica y teatral reprimenda a los políticos durante su comparecencia ante la comisión parlamentaria, la propia Manjón está demostrando que, en su faceta pública, tiene mucho más de política que de víctima. Y eso es lo que menos falta hacía en estos momentos, me temo.

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posted by Freelance at 4:46:00 p. m.