martes, abril 05, 2005

Mamá, quiero ser artista.

Un nutrido conjunto de paniaguados se ha reunido en Santiago para fundirse el dinero que le mangan al conjunto de la población por medio de adventicias tasas, impuestos y cánones y para decir que la Cultura, de la que se consideran depositarios, oráculos o trujamanes, no debe regirse por las leyes salvajes del mercado, sino que debe más bien ser objeto de los desvelos regulatorios de los estados y las organizaciones internacionales.
Leyendo este tipo de cosas, a uno se le ocurren varias reflexiones, no por repetidas menos inquietantes:
- Según los proxenetas de la Cultura, la libre voluntad de los consumidores de adquirir unas obras artísticas con preferencia sobre otras, y adquirirlas por los medios más baratos y cómodos es un fenómeno encuadrado en las leyes salvajes del mercado. Es decir, la libre voluntad pacíficamente expresada y ejercida por las personas es salvaje mientras que, hemos de entender, la cortapisa de dicha voluntad libre por parte de organismos públicos centralizados es algo mucho más civilizado.
- Los chulos de la creación artística afirman que las obras no deben considerarse simple mercancía, pero no alargan el argumento lo bastante como para explicarnos a qué consideran ellos simples mercancías. Haciendo un esfuerzo de abstracción podemos concluir que consideran éstos que, por ejemplo, un diseño textil de Devota y Lomba o la fórmula de una vacuna son simple mercancía, mientras que una canción de cualquier mamarracho debe ser objeto de los beneficios atribuibles a la excepción cultural.
- Los alcahuetes de la mafia creativa, aficionados como son a las tesis conspiratorias, no creen que la piratería musical y cinematográfica sea responsabilidad de las pequeñas redes de duplicado y venta callejera comúnmente denominadas top manta; no, para ellos, la piratería es producto de terribles mafias o resultado de la voluntad, omnipotente e inescrutable, de vastas corporaciones. En fin, de la Globalización. Aunque la prensa nada dice, parece obvio que Bush tiene algo que ver en todo esto.
- La consecuencia es obvia, y de la reunión de los trotaconventos del Arte no podía surgir otra cosa que una declaración en favor de un mayor intervencionismo de los respectivos estados para sacar la creación artísitica de los circuitos del mercado, de forma que la decisión sobre qué obras deben llegar al público y qué otras no se le hurte al público mismo para residir en sus propias mentes preclaras y superiores, no sea que el mayor talento y la mejor promoción del arte producido en los Estados Unidos termine por expulsarles del mercado. Digo de la Cultura.

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posted by Freelance at 7:52:00 p. m.