domingo, abril 17, 2005

Reflexiones postreras sobre la agresión a Carrillo

Algunos comentaristas de Freelance Corner que escribieron ayer a cuenta de mi artículo sobre la agresión a Carrillo y el anterior sobre la convocatoria de una manifestación en Madrid me reprochaban mi posición, es decir, mis lamentaciones al ver que, cumpliendo con los obvios deseos del Gobierno y de PRISA, sectores del aletargado y casi inexistente fascismo español hayan despertado. Otros no y, por ejemplo, Galatea, con su moderación habitual, abunda en la tesis de que es el Gobierno el alma mater de todo este fregado, como el niño que juega a meter una rama en un hormiguero.
Pero no escribo este artículo para felicitarme por quienes está de acuerdo conmigo, sino para responder a quienes no lo están. Así, por ejemplo, LouReedCensored afirmaba:
Pareceis la derechona, todos. Por qué llamais ultraderecha o fascistas a organizaciones que quieren expresar su sentimiento español? Me da que sois todos unos meapilas y unos avergonzados de mucho cuidado.Viva España y quienes la defienden! (se llamen Falange o se llame PP).
O jmaria, en comentario al mismo artículo:
Guste o no guste a los que sois tan "civilizados" si desde la izquierda se ataca sistemáticamente a la derecha y continuamente es humillada y demonizada sin que sus representantes mayoritarios, PP, sean capaces de defenderse ¿qué opciones quedan? ¿poner la otra mejilla?No soy de extrema derecha pero lamento profundamente esta supuesta "buena educación" que ha conseguido entre otras cosas que la izquierda domine la enseñanza y los medios de comunicación, casi nada, y encima insultan o ningunean a sus adversarios y nos dicen que a callar, y lo que es peor desde la propia derecha se sermonea a los que queremos contraatacar.
Es curioso que estos reproches me hayan llovido el mismo día y por la misma causa que otros, llegados desde la Izquierda (pueden leerse los comentarios de este post y de este otro).
A los reproches de la Izquierda ya he respondido donde tenía que responder y, además, no merece mucho la pena abundar en ellos: parten de simples mentiras, de la manipulación taimada de mis palabras y de la demagogia inherente al pensamiento de izquierdas: rebatir a esas personas suele ser un ejercicio de darse cabezazos contra la pared.
Sin embargo, a LouReed y a jmaria quería hacerles unas cuantas precisiones.
En primer lugar, me acusan de ser miembro de eso que se ha dado en llamar la derecha maricomplejines, o derecha acomplejada. La afirmación parte de un error de base, porque yo no soy de derechas, entre otras cosas porque no sé qué es eso de la derecha. He visto que el nombre se aplica tanto al Nazionalsocialismo o el Fascismo (que son movimientos típicamente de izquierdas) como al Partido Popular, al Liberalismo, a la Monarquía, a los republicanos en EE.UU. y a otras realidades igualmente disímiles. Yo me tengo por un liberal. Un liberal de andar por casa, es cierto, pero liberal al fin y al cabo: por tanto, no me identifico con ese espectro colectivo que no sé muy bien lo que es y que parece englobar a tantas cosas tan diferentes.
Por otra parte, no creo que la Falange que parece estar detrás de la agresión a Carrillo sea afín por ninguna parte a mis ideas, o una especie de ala extrema de las mismas. El Comunismo es un ala extrema del Socialismo, porque comparten los mismos principios y difieren sólo en el grado y forma en que deben ser llevados a la práctica: por eso se entiende que los socialistas defiendan siempre y se niegen a condenar de forma taxativa las barrabasadas de los comunistas, se llamen Izquierda Unida, ATTAC, Batasuna, estalinismo o Fidel Castro: poque en realidad son correligionarios, algo más moderados unos y algo más directamente criminales otros. Sin embargo, esa equiparación no cabe entre los partidos liberal-conservadores y los partidos fascistas. El fascismo, como he dicho ya en muchas ocasiones, es socialismo puro: liderazgos mesiánicos, simbología revolucionaria, fe ilimitada en una ideología basada en consignas, postergación del individuo en aras de alguna forma de grupo (sea el proletariado, la raza o la nación) y, por fin, intervención pública y negación de la libertad del hombre. El Fascismo es eso, y la Falange es eso pero además de un modo bobo y chusco.
Yo no quiero defender a España como una forma de realidad supraindividual, romántica y nacionalista, tributaria del Cid y de Agustina de Aragón, a cuyas pretendidas esencias haya que someter a los individuos, ni quiero que nadie se arrogue mi representación con dichas causas; al contrario, yo quiero defender a España como un ordenamiento jurídico donde la libertad de las personas esté garantizada, donde, como dice Enrique de Diego en su excelente El Suicidio de España, "prohibido reprimir cualquier manifestación cultural; prohibido imponerla". La pandilla de borregos ideologizados que se lanzaron a dar de palos a Carrillo y compañía no son mejores que los que apedrean las sedes del PP o los que destrozan el mobiliario urbano al grito de "No a la Guerra": si consigueran prevalecer, impondrían un modelo de Estado igual los primeros que los segundos, ese modelo de Estado contra el que, creo, estamos tanto LouReed como jmaria y yo mismo, y que con tanto acierto calificaba ayer Alberto Illán simplemente de socialismo, sea de derechas o de izquierdas, que es como no decir nada.
Otra cosa es que, por culpa de otro tipo de complejos y de otro tipo de complicidades, asesinos como Carrillo anden gozando de la simpatía cuando su merecido destino habría sido una mazmorra. Para eso no hay respuesta: no pretendáis reparar la averiada condición humana en un solo día, entre otras cosas porque eso es imposible. Y seguramente contraproducente.
Pero claro, queda esa desagradable impresión que jmaria menciona: la de estar siempre poniendo la otra mejilla, la de no reaccionar con contundencia. A eso tampoco sé qué decir. Tal vez que precisamente lo que nos diferencia de nuestros adversarios es el respeto a una serie de principios, principios que no sirven de mucho en una batalla campal, pero que en el territorio de las ideas nos otorga, estoy convencido, una legitimidad moral, intelectual y argumental incomparables. Nuestros adversarios no pueden soportarlo, eso es evidente. Por eso nos acusan de amparar las actuaciones de esos energúmenos cuando es tan sencillo comprobar que las hemos condenado, mientras ellos se niegan a condenar las barbaries de sus correligionarios contra las sedes del PP, a pesar que el PP es un partido democrático mientras que Carrillo es un asesino abyecto; por eso insinúan que los dirigentes populares no han condenado la agresión, cuando eso es una mentira clamorosa, mientras que Zapatero se ha negado a condenar la violencia ejercida por militantes de su partido contra simpatizantes y votantes populares; por eso afirman que si la Falange no condena los actos de ayer habrá que ilegalizarla por no condenar la violencia, comparando así, de forma mediata, la aislada y levísima agresión de ayer con la estrategia continuada de terror amparada por la extrema izquierda vasca, cuyo resultado han sido casi 1000 muertos y toda una región sumida en el miedo. Nuestros adversarios, movidos por sus culpas, por sus complejos, por su sinrazón, sacrificarán cualquier esfuerzo para demostrar que somos iguales que ellos: a nosotros corresponde demostrar que no lo somos.
Todo lo que está sucediendo responde a una calculada estrategia del Gobierno y sus ninfas egerias de PRISA: y algunos están cayendo inevitablemente. Yo creo que somos muchos los que lo hemos visto con claridad y por eso estamos alertando de ello. Hay que cavar una trinchera, desde luego. Pero no debemos confundirnos de trinchera: la de los infelices de ayer es, ay, la misma trinchera de nuestros adversarios.

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posted by Freelance at 12:30:00 p. m.