martes, mayo 10, 2005

(Algunas) reflexiones sobre un comentario aparecido en esta bitácora

El post titulado Una anécdota sobre socialismo y liberalismo instintivo publicado en FC el pasado 5 de mayo ha cosechado un número de comentarios y enlaces desde otras bitácoras que me ha sorprendido favorablemente, y se ha prolongado de alguna manera en un largo e interesante debate que Magda Bandera ha tenido la paciencia de alojar y la amabilidad de seguir.
En el área de comentarios del post al que hacía referencia, un lector anónimo ha dejado un par de comentarios con preguntas sobre la posición que yo defendería en relación con ciertas posibilidades que él o ella apunta. Copio aquí el último de sus comentarios porque me gustaría extenderme un poco en la respuesta.
Entonces defiendes también que si el estado nacionaliza tierras y luego las reparte entre los campesinos, que estas sean de los campesinos.Esto no ha ocurrido en la noche de los tiempos, pero si a lo mejor hace 150 años.
¿Defenderías legalmente también que alguien le pegara fuego a su monte? (Supongo para simplificar que no molestaría a nadie más, simplemente se convierte el monte en un erial).
Y qué pasaría si el propietario del terreno de un istmo decide no vender para que pase una carretera. ¿Serías favorable a su expropiación con un justiprecio?
Y elucubrando algo más. ¿Consideras que el espacio aéreo debiera tener propietario? ¿Y el mar? Si es así, ¿cómo se repartiría?¿De quien es la propiedad original? En caso contrario, ¿por qué no la tierra pudiera ser un común?
Ese es el comentario sobre el que quiero reflexionar ahora. En primer lugar, debo hacer una consideración formal y es que, con el debido respeto, me recuerda a esas preguntas un poco de laboratorio que le hacen los estudiantes al profesor con ánimo de pillarle, del estilo de: Entonces, si los extraterrestres tuvieran forma de vaca, ¿nos los podríamos comer?
A eso yo respondo que, al contrario que la Izquierda, el Liberalismo, como ya puso de manifiesto Jean Fraçoise Revel, no es una ideología, porque no se basa en un conjunto de dogmas apriorísticos a partir de los cuales se puede interpretar toda la realidad hasta en sus más detallados pormenores. Por tanto, carece de sentido la consabida pregunta de ¿y qué haríais los liberales en el caso de...? Lo que los liberales creemos es que los individuos que operan en libertad son los más indicados para resolver los problemas y necesidades que la existencia va planteando, aplicando soluciones que diferirán de un caso a otro, de un individuo a otro, pero que siempre, por pura lógica, serán la aproximación más fiel a la satisfacción de las necesidades reales de los agentes de cada negocio. Por tanto, yo no tengo la respuesta ni la solución a nada, pero creo que los interesados, en su caso, hallarán siempre la salida mejor en cada situación.
Desde ese punto de vista, claro que defiendo que un propietario queme su monte siempre que eso no entrañe una lesión para un tercero ni el grave riesgo de causarla. Lo que pasa es que, en una sociedad donde la libertad esté razonablemente protegida, esa actitud será legítima, pero no será nada frecuente por absurda, por antieconómica, ya que el propietario obtendrá un beneficio mayor del monte frondoso que del monte pelado. Adam Smith decía que el carnicero no vende carne podrida, no por altruismo, sino por beneficio; de igual forma, el propietario del monte no lo quemará no porque le gusten los árboles, sino porque seguramente esperará obtener un beneficio de su existencia. De todas formas, como el caso planteado se las trae, yo quiero responder a mi anónimo comentarista con otro caso práctico parecido: ¿debe castigarse legalmente a quien intenta el suicidio? Antes que me contestes que, en el caso del monte, el propietario pirómano está obrando en contra de la función social de la propiedad, te recordaré yo, con un argumento todavía más progresista, que el suicida atenta gravemente contra la función social del trabajo, al privar a la sociedad del recurso productivo por excelencia, que es el trabajador. No en todas partes han pensado que esto era una aberración: hasta donde yo recuerdo, la tentativa de suicidio estuvo castigada penalmente en Bélgica hasta hace bien poco. (Aclaro: a mí me parece una aberración castigar al suicida, como también me parece una aberración insinuar siquiera que un propietario deba ser castigado por realizar actos de disposición sobre sus propiedades, todo ello al margen del juicio moral que cada uno me merezca).
Claro, pero ¿qué decimos los liberales sobre el propietario de un itsmo? Pues una cosa muy sencilla en este caso: que para admitir los conceptos expropiación y justiprecio debemos admitir, con carácter previo, que el Estado sea el gestor idóneo de las redes de carreteras y que quepa hablar de otro justiprecio que el establecido libremente por las partes del negocio, y eso ya es mucho admitir. En todo caso, la pregunta sigue pareciendome una construcción de laboratorio, ¿si los extraterrestres tuvieran forma de vaca...? etc.
Y por último: no creo descubrirle nada a mi lector cuando le digo que el Derecho Civil de un Estado moderadísimamente liberal como es el español ya reconoce la propiedad del espacio aéreo: todo propietario de una tierra lo es también del subsuelo y del vuelo de la misma entanto que pueda ser verdadero objeto de las facultades dominicales de su propietario y, sobre todo, entanto que pueda ser objeto de las ilegítimas ingerencias de un tercero: por eso yo no puedo extender las ramas de mis árboles o los cuernos de mi antena sobre el jardín de mi vecino diciendo eso de el aire es de todos, porque no lo es. Ahora bien, ¿qué pasa con el espacio aéreo lejano, con las capas de la atmósfera que, como dijera Mújica Laínez, son el hogar de los pájaros y de la pobre Melusina? Pues sucede que sobre ellas no pueden, hoy por hoy, realizarse actos de verdadera disposición, como sí sobre la tierra, que puede amojonarse, explanarse, removerse, poblarse de casas, de árboles, de vallas, de lindes. Lo que sí está claro es que quien no debe ser dueño del aire es el Estado, porque entonces utiliza esa presunta propiedad común para imponer adventicias tasas a quienes quieren hacer uso del mismo, como sean las líneas aéreas o los operadores de telecomunicaciones, a través de un sistema de concesiones que, vaya por Dios, impiden la leal competencia, favorecen a los más ricos y son terreno abonado para todo tipo de corrupciones, como por desgracia tenemos ocasión de comprobar casi cada día.
Y ahora mi lector tal vez me pregunte: "de acuerdo, hoy por hoy no pueden realizarse actos de plena disposición sobre la atmósfera o sobre el espacio exterior, pero en el futuro, con las estaciones orbitales, con la intensificación del tráfico aéreo, etc. tal vez sí pueda hablarse de un derecho de propiedad sobre el espacio. Entonces, ¿qué habrá que hacer?" Y a eso yo responderé: no tengo ni idea. Pero creo firmemente que los individuos, dejados a su libre albedrío, encontrarán la manera de organizar la cosa mucho mejor que un grupo de políticos corruptibles y funcionarios aburridos en sus despachos pagados con el sudor de mi frente, querido lector, y de la tuya.

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posted by Freelance at 10:45:00 p. m.