lunes, mayo 23, 2005

Una ración de ignorancia.

Vía Libro de Notas llego a un artículo de la bitácora de Juan Carlos García Gómez, 1984, titulado China y la hipocresía del liberalismo.
El artículo no pasa de ser un cúmulo de demostraciones de ignorancia, más incluso que de sectarismo. Se amontonan, sin asomo de crítica racional, diferentes dogmas de la militancia izquierdista más rancia y se llega, partiendo de la premisa indubitada de que el liberalismo es malo, a la conclusión de que el liberalismo es, en efecto, malo: tautología palmaria que el articulista abraza con un entusiasmo infantil y que exorna de diferentes adjetivos elegidos sin demasiada originalidad. Para ejemplificar el comportamiento de los liberales (que, insisto, se parte de la premisa asumida acríticamente de que son malos: "cuando al buen liberal -en mi pueblo conocidos como capitalistas, y en ocasiones por otras expresiones menos amables- así le conviene...") se parte de ejemplos imputables, precisamente, a los no liberales.
Algo así está ocurriendo con las limitaciones que se le están poniendo al comercio con China, plasmadas en una subida de los derechos de aduana en este país, fijadas por el gobierno chino ante la presión de la UE y, sobre todo, de EEUU. Es decir, que se supone que el liberalismo tiene dos componendas (...)
Con minuciosa ignorancia, el articulista imputa a un presunto liberalismo inmanente a los EE.UU. (y, pásmense ustedes, a la Unión Europea) las barreras arancelarias que gravan las exportaciones chinas. La crítica me parecería justificada si se dirigiera contra los gobiernos occidentales; me parece inaceptable si se pretende hacer recaer sobre el liberalismo, o sobre ese magma que el articulista llama los liberales, categoría platónica donde sin duda nos mezclamos los poderosos (¿se referirá a Carod Rovira?), los ricos (¿se referirá a Michael Moore?), el autor de esta bitácora, la CIA, el Banco Mundial y quien sabe si los Rosacruces del Monte Sión.
Pero que los razonamientos, aunque sean falsos y torpemente construidos, no nos estropeen un buen dogma. Justo a tiempo, el articulista recuerda que la piedra angular de su discurso es, como habría dicho Santo Tomás de Aquino, esa primera causa no causada, la maldad de los liberales.
La otra supuesta componenda es la social:
La no intromisión del estado o de los colectivos en la conducta privada de los ciudadanos y en sus relaciones sociales, admitiendo grandes cotas de libertad de expresión, religiosa y de reunión, los diferentes tipos de relaciones sexuales consentidas, el consumo de drogas, etc (Wikipedia)
Sin embargo, cuando veo los ejemplos reales de autoproclamados liberales veo que todo eso es mentira pura y dura. La anterior definción de liberalismo en lo social tiene mucho que ver con la expresión 'tolerancia', justo lo contrario de lo que suelen profesar quienes se denominan 'liberales'.
Dicho así, sin la necesidad de proponer demostraciones y ejemplos, que son artificios del diablo liberal: donde esté un buen dogma, que se quite la siempre picajosa razón.
A este voluntarioso muchacho habrá que recordarle un par de cosas o, mejor, a aquellos de sus lectores que conserven un mínimo de espíritu crítico, porque al muchacho lo considero, a juzgar por sus manifestaciones, perdido para la humanidad.
1. La equivalencia planteada entre los gobiernos de los EE.UU. y los países de la UE con el liberalismo parecería una simple boutade de no ser porque el articulista la propone con una gran circunspección, lo que excluye la broma. Habrá que recordar al articulista que los defensores del liberalismo económico se han caracterizado siempre por su afán de servir de contrapeso a las políticas fuertemente arancelarias y proteccionistas de los gobiernos occidentales. Habrá que recordarle también que, en Seattle en el año 1999, en la famosa cumbre de la OMC que los probables amigos del articulista, es decir, los antiglobalizadores de la estaca, hicieron fracasar, se debatía precisamente la eliminación progresiva de dichas barreras y, lo que es más, el desplazamiento de los primeros eslabones de las cadenas de producción a los países en vías de desarrollo; la cumbre fue un fracaso, desde luego, porque 50.000 salvajes la emprendieron a palos por toda la ciudad, pero esos salvajes tenían detrás, además de a los consabidos grupos antisistema, a los poderosos sindicatos agrarios estadounidenses, que vieron peligrar sus espléndidos (y altamente improductivos) ingresos si las cadenas de transformación agraria viajaban a países más baratos.
2. Analizar el problema del intercambio comercial con China desde la perspectiva maniquea y simplona del articulista implica, desde luego, ignorar elementos fundamentales de la situación. Por ejemplo, que la tiranía comunista china impide desde cualquier punto de vista la existencia real de libre mercado, porque coarta la libre circulación del capital, regula férreamente el precio de los recursos productivos (tan luego del más importante de todos ellos, el trabajo) e impide la aplicación del beneficio según la lógica del mercado. El problema en el caso del intercambio comercial con China es de pura raíz: China no es un país poco desarrollado donde las empresas multinacionales puedan establecer libremente sus factorías para abaratar sus costes, sino que es un tremendo GULAG donde la intervención omnipresente del Estado impide la fijación libre de los precios de los medios de producción, requisito básico para hablar de libre mercado, y que concede una ventaja injusta al Estado Chino a costa de la tiranización de su mano de obra. Con todo y con eso, la aplicación de aranceles no hará más que, probablemente, empeorar la situación y en todo caso favorece artificialmente al productor occidental y perjudica al consumidor final, también occidental: no encontrará el audaz articulista muchos liberales (pero liberales de verdad, no los que él se ha inventado para que la terca realidad case con sus deseos) favorables a esas medidas.
3. A estas alturas, es evidente que la confusa equiparación que el articulista establece entre Liberalismo y Mercantilismo se debe, no a un deliberado afán de engañar al respetable, sino a pura y simple cortedad intelectual. El beneficio empresarial obtenido a través del uso del Estado se basa en ese régimen que tan bien eclosiona y se desarrolla en los regímenes de Izquierdas: el Mercantilismo, no desde luego al Liberalismo, que es en todo su contrapartida. El Mercantilismo es lo que proporciona a empresas como, por ejemplo, el Grupo PRISA la oportunidad de competir en condiciones mucho más benévolas que el resto de competidores gracias al trato de favor dispensado por los poderes públicos (eliminando trabas a la hora de comprar antenas de emisión radiofónica o medios de prensa escrita; pasando por alto la ilegalidad de la emisión en cadena por parte de Localia; mirando para otro lado cuando obtiene el monopolio perfecto en la televisión de pago; y un largo etcétera). Eso no es Liberalismo, sino puro Mercantilismo. Sin embargo, me temo que no será fácil ver al articulista pugnaz protestar por los privilegios de empresas como la mencionada. A este respecto, por mucho que presienta que la recomendación caerá en saco roto, recomiendo al articulista la atenta lectura del excelente libro Fabricantes de Miseria, donde se describen con viveza y rigor las causas del atraso relativo de Suramérica, una de las cuales es, precisamente, el Mercantilismo destructor del libre comercio.
Termino mostrando mi perplejidad, una vez más, por el odio manifiesto de la izquierda, representada aquí por el articulista, hacia el dinero, odio que se torna en amor desmedido en cuanto el izquierdista se aproxima, siquiera fugazmente, a las ubres de las que el dinero mana. No puede ser que, según la peculiar mitología del articulista, sea el dinero la causa inexorable de la maldad de los asquerosamente ricos, porque con pueril devoción tiene puesto en su bitácora un enlace a Michael Moore, que es asquerosamente rico sin que conste otro mérito suyo que escribir libros mediocres y filmar docudramas repletos de mentiras y engaños. No, lo que parece molestar al articulista y a quienes comulgan con él en la fe antisistema es que algunos ganen mucho dinero comerciando honradamente y en libertad: igual, como decía aquel, no es odio, sino envidia. Simple y llana envidia.

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posted by Freelance at 1:12:00 p. m.