lunes, junio 20, 2005

Andrew Cochran sobre torturas en Irak en "Counterterrorism Blog"

Interesante post de Andrew Cochran en Counterterrorism Blog sobre el descubrimiento de cámaras de tortura utilizadas por los terroristas pro-Saddam en Irak.
La historia, que ha tenido una repercusión irrisoria en los medios de comunicación, fue revelada por el New York Times y puede leerse aquí. Muy brevemente para quienes no la conozcan: marines americanos, durante una operación de limpieza en la zona de Karabila, encontraron un recinto que había sido utilizado por terroristas (o, en lenguaje periodístico europeo, insurgentes) para torturar prisioneros; al parecer, debido a la rapidez de la operación, los terroristas abandonaron el recinto dejando en él a varios prisioneros todavía vivos. Estos supervivientes relataron a sus liberadores que habían sido torturados durante días utilizando picanas, sogas a modo de flagelos, esposas, etc.
Echa de menos Andrew, y con razón, las habituales protestas de las organizaciones de ¿defensa? de los Derechos Humanos cuando son las tropas occidentales las que cometen actos de tortura. En esta ocasión, sin embargo, guardan silencio de un modo ominoso, lo mismo que los medios, que elevaron a la Recluta England a los altares de una dudosa fama, mientras que la noticia que aquí se comenta ha tenido que utilizar la blogosfera para salir de los sueltos en página par de los periódicos.
Yo tengo mi opinión sobre esto. Creo firmemente que los medios y las instituciones occidentales deben poner el grito en el cielo cuando se descubre una situación de abuso por parte de las fuerzas del orden. Nuestro sistema de garantías está orientado al cumplimiento estricto de la Ley y al respeto de unas determinadas reglas de juego: es precisamente eso lo que nos diferencia de quienes combaten nuestra forma de convivencia, y lo que nos da la legitimidad para afirmar que nuestra sociedad se fundamenta en unos principios ética, humana y racionalmente superiores a los suyos. Por eso, toda traición a aquellos principios por parte de quienes deben defenderlos ha de ser señalada y castigada de un modo justo y proporcional. Es lo que ha sucedido en el caso de Abu Grahib; es lo que yo, entre muchas personas, defendí cuando se descubrió que fuerzas de seguridad españolas habían cometido la monstruosidad de descender a las cloacas del Estado para hacer, de noche y a escondidas, lo que el Gobierno de entonces no se atrevía a hacer de día y abiertamente con la Ley en la mano. Yo dije entonces que los crímenes de los GAL son tan graves como los de ETA, con la agravante de que, además, representaron una traición a la confianza que el país depositó en las manos de policías y gobernantes y al mandato de combatir el crimen, que difícilmente puede cumplirse cometiendo crímenes. De igual modo, somos legión los que pensamos que los EE.UU. y sus aliados están en Irak con una misión: eliminar el régimen de terror, de violación de los derechos humanos y de opresión tiránica de Saddam Hussein. Ese heróico mandato no se ejecuta, nunca podrá ejecutarse, arrastrando a un prisionero aterrado por el pasillo, atado al extremo de una cuerda, lo mismo que un perro, porque la Recluta England fue enviada a Irak, precisamente, en nombre de determinados principios, entre los cuales uno que dice que un hombre no debe ser tratado por un perro.
Sin embargo, nada de esa didáctica aparece en los medios de comunicación y las instituciones (Amnistía Internacional, Human Rights Watch) que se regodean mostrando la imagen de los torturadores de Abu Grahib hasta el delirio. El mensaje es que los torturadores no son una desviación del principio general, sino que encarnan ese principio, por lo que el principio (el principio de liberar a un país de la tiranía) tiene por fuerza que ser perverso y erróneo.
Por eso, tácticamente, hay que ocultar noticias como la que abría este post, y por eso Amnistía o el HRW no quieren saber nada de ella: según su acomodaticia visión de las cosas, los insurgentes están resistiendo a una fuerza de ocupación y, por tanto, no debe permitirse que el castillo de naipes se desmorone ante la visión de las sogas manchadas de sangre, las picanas siniestras, las víctimas laceradas.
Torturadores, monstruos que gozan con el dolor ajeno, hay en todas partes. Pero la Recluta England, con su comportamiento, traicionaba los principios que la llevaron a Irak y, por ello, ha recibido el peso de la no ligera mano de la Ley; los carniceros de Karabila, sin embargo, probablemente hayan merecido ante sus sanguinarios jefes alguna medalla, ante el silencio cómplice de buena parte de Occidente.

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posted by Freelance at 7:20:00 p. m.