viernes, junio 03, 2005

Derechos contradictorios

Excelente artículo de Gary Galles en el Mises Institute Blog sobre la Constitución Europea.
Tiene razón Galles cuando afirma que los vaivenes de las votaciones francesa y holandesa sobre la Constitución, sus implicaciones en la política inmediata, sus consecuencias en clave interior, han distraído la atención del respetable, dejando en un segundo plano a la Constitución en sí misma, su contenido, que es sin duda una de las primeras causas de su clamoroso fracaso.
Galles incide especialmente en un aspecto de la Constitución que ya generó un notorio debate durante las sesiones constituyentes celebradas en España antes de la promulgación de nuestra propia norma fundamental en 1.978: la introducción en el articulado constitucional de ciertos derechos que la doctrina no había considerado como fundamentales (como sí lo son el derecho a la vida, a la libertad de pensamiento o a la propiedad), pero que se recogían como muestra del carácter social del texto: el derecho a una vivienda digna, el derecho a la educación, a la salud, etc. Esos derechos, ¿deben entenderse como verdaderos derechos positivos que los poderes públicos deban garantizar proactivamente o, por el contrario, deben considerarse apenas como desideratums, como derechos negativos, es decir, derechos protegidos por la simple prohibición de conculcarlos? El asunto no es baladí: toda la parafernalia del Estado del Bienestar, con sus monstruosos costes en infraestructuras públicas sufragadas con los impuestos de los ciudadanos, es consecuencia de haberse impuesto, políticamente, la concepción citada en primer lugar. Desde el punto de vista jurídico, sin embargo, dicha concepción no deja de ser una barbaridad.
Como bien señala el artículo de Galles, el reconocimiento del derecho a la vivienda o a la educación como derechos positivos entra en contradicción con el reconocimiento que, en el mismo texto, se hace del derecho a la propiedad privada, ya que la única forma de garantizar los primeros consiste en vulnerar el segundo por medio de una política de recaudación coercitiva de impuestos y tasas para financiar aquellos. Así, no es extraño que, como Galles nota, el texto constitucional deje toda una puerta abierta a una concepción socializante y corrompida del derecho a la propiedad privada al introducir la fórmula "nadie puede ser privado de sus propiedades salvo por razones de interés público".
El reconocimiento en un texto constitucional de derechos como la vivienda, la salud o la educación es siempre un error; pero puede no ser un error grave si se entienden como derechos negativos, como prohibiciones que afecten, principalmente, al propio poder público, de modo que sea inconstitucional que el Estado prive a alguien de su derecho a una vivienda digna imponiendo su reclusión en un ghetto; o que el Estado atente contra la salud de individuos o colectivos impidiéndoles deliberadamente el acceso al agua potable. Sin embargo, cuando se trata de imponer la consideración de esos derechos como derechos positivos, cuando la existencia del derecho se trata de confundir con la obligación del Estado de garantizar su ejercicio efectivo (proporcionando viviendas u hospitales públicos a quienes no pueden pagarlos) se está produciendo, de hecho, la conculcación de un derecho de rango superior: el derecho a la propiedad privada de quienes, de forma coactiva, deben financiar tales bienes y servicios a favor de terceros.
Una reciente encuesta (hat tip: De la Vogue) demostraba que, en España, la mayor parte de la población considera al Estado el responsable del bienestar de todos. Es la consecuencia de la introducción legal del derecho a disfrutar de ciertos bienes y servicios como derecho positivo, de modo que el individuo deja de sentir la presión de procurarse a sí mismo dichos bienes y servicios para sentir la presión, mucho más llevadera, de exigirle al Estado que se los proporcione. Paralelamente, aquellos que cuentan con medios bastantes para procurarse a sí mismos esos bienes se ven desincentivados, ya que el Estado les expropiará una parte importante de los medios que poseen para financiar a los que viven a expensas del Estado munificente.
Independientemente de las causas, conviene reparar, como hace el artículo del Mises, en que franceses y holandeses han rechazado con sus votos precisamente eso mismo para Europa.

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posted by Freelance at 11:02:00 p. m.