martes, junio 21, 2005

El precio.

El Socialismo es así: siempre se las arregla para que seamos los ciudadanos los que paguemos el precio, aunque el precio pueda consistir en nuestra propia vida.
La resolución aprobada en el Congreso a instancia del PSOE hace poco más de un mes, por la que se defendía el "final dialogado" de la banda terrorista como objetivo político y se facultaba al Gobierno para llevarlo a cabo, incluía entre sus premisas fundamentales que la democracia "no tuviera que pagar ningún precio político", sin que se sepa muy bien qué significa eso y qué cosas se pueden o no considerar precios políticos.
El último comunicado de la banda propone, ante la "posibilidad de no repetir el ciclo de las negaciones con nuevos inventos represivos" que el Gobierno Zapatero tiene ante sí, "cerrar el frente contra los electos de los partidos políticos de España y, por tanto, cesar en sus acciones armadas contra ese colectivo".
Es decir: como señala Santiago Abascal en el artículo que hoy leemos gracias a HispaLibertas, ETA ha proseguido con su campaña de indultos: primero, los nacionalistas vascos (indultados de oficio por el terrorismo aberzale); después, los catalanes, gracias a la interdicción de Carod Rovira; ahora, los políticos, para que Zapatero y sus negociadores puedan prescindir del chaleco antibalas durante las conversaciones.
No me sorprende que los políticos de izquierdas y los nacionalistas vascos hayan valorado la propuesta como positiva, como un paso adelante. Es lo que siempre sucede cuando los políticos colectivistas encuentran la solución a sus problemas cargando con ellos al sufrido ciudadano de a pie.
Porque ahora Zapatero podrá escenificar el abrazo de Vergara con los terroristas, no gracias a que ya no tiene una mira telescópica apuntándole al cogote, sino a gracias a que ahora, el único que la tiene soy yo, y usted, lector, también. Todos nosotros tenemos una cruz negra en la nuca. Ese es el precio, no sé sí político, pero sí muy vívido y real, que tendremos que pagar los ciudadanos, que ya estamos pagando, para que la negociación pueda, por fin, llevarse a cabo. Es nuestro dinero el que la paga, de modo que ¿qué importa si es nuestra vida (o nuestra muerte) la que la sostiene?

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posted by Freelance at 1:00:00 p. m.