martes, junio 28, 2005

Elecciones gallegas. Seguimiento. (y VI)

La carrera política de Tutmosis Fraga llega a su fin. A cambio, los nacional-socialistas* conquistan un feudo más en la banda norte.
Los emigrantes no salvaron el curtido pellejo de Fraga. Resulta que la campaña de Cortizo surtió efecto y el voto emigrante no se volcó con el PP como tenía por costumbre. Quintana (cuyo nombre se pronuncia ancho, pero me temo que se va a hacer el estrecho a la hora negociar) ya le está poniendo condiciones al pacto de legislatura, condiciones que son a un tiempo insensatas y carísimas, como ya los nacionalistas nos tienen acostumbrados.
Pese a la autocomplacencia de algunos y la candidez de otros, la situación en España es cada vez más preocupante. Se equivocan de medio a medio quienes creen que en España se vive una especie de pugna o de combate entre un presunto nacionalismo español y los nacionalismos regionales, nada presuntos y bien patentes. Por el contrario, lo que se está viviendo en nuestro país es una lucha entre, por un lado, el régimen de libertades que, mal que bien, ha permitido el desarrollo de la nación entera y su transformación, de dictadura provinciana y ensimismada en país cosmopolita y próspero; y, por otro, los proyectos nacionalistas de corte historicista (y basados siempre en el falseamiento de la historia), uniformizadores, colectivistas y excluyentes que, apalancados en minorías de bloqueo, se valen de las ansias infinitas de poder del PSOE y su correlativa falta de principios políticos o de cualquier otra índole para imponer a las grandes mayorías su fementido lenguaje antisistema.
Ahora, dentro de este desolador panorama, le llega el turno a Galicia. Indudablemente, el PP purga un pecado grave, que es no haber sabido, o querido, o podido, o las tres cosas juntas, renovar un candidato anciano, de formas ya en exceso manieristas y totalmente amortizado. A ello se une la fuerte tendencia favorable al PSOE, que todavía viaja instalado en la cresta de la ola gracias a su inesperada victoria de marzo de 2004. El PP se benefició en su momento de ese tirón que tiene la hegemonía en el Parlamento Nacional sobre los resultados regionales; ahora le ha tocado (País Vasco, Galicia) sufrirlo.
Como consecuencia, nuevos factores de crispación (esa palabreja) en forma de ataques a nuestro régimen de libertades capitalizarán la escena pública; ya no sólo llegarán del País Vasco y de Cataluña, también de Galicia. Ya no serán sólo Carod Rovira o Ibarreche (con sus pestilentes adherencias batasunas) los que lancen cada día un venablo contra nuestro ordenamiento; también, presumiblemente, Anxo Quintana se dedicará a afilarse las uñas contra la Constitución y contra los Presupuestos Generales del Estado, ante la mirada displicente de un PSOE que ya tiene lo que quería, parcelas de poder para que Pepe Blanco retoce a gusto.
Lo que no sabemos nadie es cuánto más aguantará España el ataque permanente del nacionalismo periférico. Seguramente, todo quedará reducido a una carrera entre la velocidad con que Zapatero permite la rápida descomposición de los basamentos de nuestra convivencia impulsada por sus socios en los diferentes parlamentos, incluido el español, y la velocidad con que el tiempo, que no se detiene, nos deposita frente a unas nuevas elecciones generales. Esperemos que España llegue viva y más o menos ilesa a ese día.
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*Yo espero que nadie se me enfade por lo de nacional-socialistas. En efecto, el gobierno gallego será ostentado por una agrupación de intereses compuesta por nacionalistas y socialistas, por lo que no parece un desatino apocopar el nombre de dicha agrupación en nacional-socialistas. No me hago responsable de lo que hayan hecho otros antes que ellos con y por ese nombre.

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posted by Freelance at 4:39:00 p. m.