domingo, junio 26, 2005

Las leyes Antitrust

Impactante estudio de Gabriel Calzada para el Instituto Molinari sobre las Leyes Antitrust.
Leer el Estudio.
Comentario.
La legislación antitrust es considerada, en todos los países, como una medida favorable a la libre competencia. Al menos teóricamente, previene la formación de monopolios y favorece el surgimiento de nuevos jugadores en los mercados, de cuya existencia y actuación cabe esperar los beneficios que la competencia proporciona a los consumidores, es decir, majoras en la calidad de los productos y servicios y reducciones en los precios. Sería, por decirlo de alguna forma, una intervención justificada del Estado para permitir el buen ejercicio de las leyes del mercado.
Calzada desmonta en su estudio esa estrambótica mitología que parte de un presupuesto paradójico: que la intervención de fuerzas externas al mercado (como es la imposición estatal) pueda resultar positiva para el mercado mismo, es más, que pueda incrementar el nivel de libertad de éste.
Para empezar, históricamente, las leyes antitrust no surgieron como consecuencia de la aparición de negocios monopolísticos que forzaran los precios de los productos al alza, en perjuicio de los consumidores. Muy al contrario, las leyes antitrust nacieron a causa de la aparición de un negocio quasi-monopolístico (surgido en el sector de la producción de carne en EE.UU. allá por 1.890) que, por su gran capacidad para aplicar economías de escala y para explotar nuevas tecnologías, redujo los precios de forma espectacular, en beneficio de los consumidores... pero en perjuicio de los pequeños productores, ganaderos y carniceros, menos eficientes empresarialmente pero organizados en lobbys capaces de presionar al poder político. De este modo, la historia de la legislación antitrust es la historia de la lucha de los productores ineficaces por proteger, gracias a la coacción del Estado, una posición de privilegio que el mercado y los consumidores, obrando libremente, les habrían negado.
Curiosamente, la convicción de que las leyes antitrust son benéficas para los consumidores ha echado raíces incluso entre personas de pensamiento supuestamente liberal. Hoy día, Microsoft es vista como una de esas siniestras corporaciones de las películas de espías, como Espectra o The Red Scull, siempre a punto de apoderarse del mundo entero, cuando en realidad su irrupción en el mercado supuso una drástica reducción en los precios del software (y, gracias a la estandarización diseñada por la propia Microsoft y por IBM, del hardware) y, en la práctica, la universalización de la informática personal como herramienta de productividad y como ventana de libertad. Pese a todo, muchas personas que en general se consideran favorables al libre mercado jalean las derrotas judiciales de Microsoft y apuestan por tecnologías alternativas, escasamente testadas, más aptas para el entusiasmo de los geeks que para su implantación a nivel mundial entre usuarios medios, cosa que sólo Microsoft ha sido capaz de hacer gracias, no a una situación de privilegio ganada con malas artes, sino gracias a su capacidad para satisfacer las reales necesidades de los consumidores a precios competitivos.
La implantación de las leyes antitrust es, hoy, universal. Los grandes hipermercados, las cadenas comerciales, las súper-corporaciones capaces de proporcionarnos a todos productos adecuados a precios reducidos padecen cada día el ataque del Estado por medio de las leyes antitrust en defensa de cosas tan pintorescas como "las tiendas de barrio", los "pequeños artesanos", el "comercio minorista", realidades a las que se reviste de un valor casi arqueológico que hubiera que proteger a toda costa, pero cuya defensa no tiene otro resultado que el perjuicio del consumidor final.
Como suele suceder, el Estado nos vende la idea de que opera en nuestro beneficio, cuando en realidad opera en el beneficio de pequeños grupos de productores atomizados e ineficientes que recurren a la protección de Papá Estado frente a las fuerzas inexorables del mercado, fuerzas de las que, si algo hemos aprendido en estos años, siempre somos los consumidores los verdaderos beneficiarios.

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posted by Freelance at 11:37:00 a. m.