viernes, junio 03, 2005

Terrorismo y pobreza

Leemos en el Becker - Posner Blog dos artículos imprescindibles sobre la presunta y muy cacareada relación entre Terrorismo y Pobreza.
Uno de los grandes leit motivs de la izquierda antisistema es la afirmación de que terrorismo y pobreza están relacionados y que, en suma, el primero es consecuencia de la segunda. Dicho mantra enlaza por vías causales con otro precedente, como es que la pobreza de los países pobres es consecuencia de la riqueza de los países ricos a causa de las relaciones de explotación comercial impuestas por la naturaleza misma del Capitalismo. De esa cadena se extrae la conclusión, de apariencia lógica, de que el terrorismo es, pues, culpa de los países ricos y del Capitalismo como sistema de explotación injusta.
Santones de la izquierda moderna han abrazado esta tesis con entusiasmo: Noam Chomsky estableció una rápida relación entre los atentados del 11 de septiembre y las culpas innatas que pesan sobre la conciencia de los EE.UU.; Ignacio Ramonet ha calificado a los habitantes de los países del Tercer Mundo como los nuevos proletarios, y pinta a terroristas como Ben Laden o como el Subcomandante Marcos a la manera de modernos émulos de Robin Hood quienes, según su viscosa dialéctica, persiguen, por medios sin duda erróneos y criminales, fines absolutamente justos, como sea recuperar las riquezas de los pobres expoliadas por los ricos y poderosos, al objeto de devolverlas a sus legítimos dueños.
Ya he tratado aquí en otras ocasiones el problema de fondo, es decir, la íntima mentira económica y sociológica que se oculta tras la afirmación de la izquierda de que los países ricos son ricos porque explotan y expolian a los pobres. Ahora, al hilo de dos artículos excelentes publicados en el Becker-Postner Blog, quiero detenerme un instante en la pretendida consecuencia de dicho argumento, es decir, que el terrorismo está relacionado con la pobreza y vendría a ser, de este modo, un mecanismo de resistencia de los pobres.
El artículo de Becker Terrorism and Poverty: Any Connection? lleva a cabo un interesante análsis empírico del terrorismo internacional, análisis que demuestra, de forma taxativa, que el terrorismo no es, ni por su fuente ideológica, ni por la procedencia de sus organizadores e impulsores, ni siquiera por sus ejecutores materiales, una consecuencia de la pobreza.
Any sizeable effect of poverty on terrorism is not apparent from what is generally known about terrorist activities. The suicide bombers in the 9/11 attack were mainly highly educated Saudis, not poor Moslems from other parts of the Middle East, Asia, or Africa. The Basque region of Spain may not have done well economically in recent decades, but the members of its ETA terrorist organization are generally middle class and reasonably well educated. The same goes for the Baader-Meinhof German terrorists, and many other terrorist groups in different nations.
La referencia a la banda ETA, aparte estar de actualidad, es especialmente significativa: ningún español con cierta capacidad para ver las cosas como son afirmaría nunca que el terrorismo es consecuencia de la pobreza, porque no existe relación posible entre pobreza y terrorismo vasco, cuyas causas son puramente ideológicas.
En relación con el terrorismo internacional de tipo islamista, donde la relación podría aparecer más fortalecida, las conclusiones de los estudios no son distintas de las apuntadas.

[...] a few studies do systematically analyze the relation between poverty and terrorism. Harvard economist Alberto Abadie has recently studied both terrorism within a country and transnational terrorism for almost 200 nations (NBER Working Paper No. 10859). He estimates the poverty-terror relation after controlling for the degree of political freedom, religious and ethnic heterogeneity, and other variables. He finds little net relation between the degree of terrorism and poverty, where poverty is measured by per capita GDP, the degree of inequality within a country, and a couple of other ways.

Alan Krueger and Jitka Malechova examined the backgrounds of about 130 suicide bombers from Hezbollah in Lebanon who died on missions between 1982-1994. They found that these bombers were not poorer but rather were much more educated and better off economically than the general Lebanese population.

El terrorismo, como cualquier otra actividad humana que requiere de planificación, conocimientos y estrategia, no casa bien con ese razonamiento reduccionista por el cual se quiere trazar la relación pobreza - terrorismo como cadena de causa y efecto inevitable.
Recruits with good economic opportunities would only be willing to undertake suicide missions that have a relatively high likelihood of destroying some enemies too. For they would not be willing to go on missions that have little chance of succeeding since they would then prefer safer terrorist activities, or doing well economically while working peacefully. In this case, relatively highly educated terrorists will be sent on missions that are more likely to succeed in destroying their enemies as well as themselves. As a result, the education and other determinants of the economic opportunities of successful bombers will exceed the opportunities of bombers who fail (and who may be captured).
Sin embargo, Becker sí descubre un vínculo entre actividades terroristas y empobrecimiento de los países y, viceversa, entre crecimiento rápido de la economía y terrorismo:
But I believe that some of the causation runs from growth to reduced terrorism because it becomes harder to interest many individuals in risky terrorist activities (and other political activism) when economies are expanding rapidly and opportunities are booming.
Posner, en su comentario, afirma que existe una intencionalidad política detrás de la vinculación entre terrorismo y pobreza, lo mismo que cuando se intenta vincular delincuencia y pobreza.
Liberals do not like either force or poverty, and so faced with crime or terrorism they prefer a solution that involves alleviating poverty rather than one that involves applying force. They sometimes dress up this politically motivated preference by distinguishing between the "root causes" of terrorism or crime, on the hand, and the "symptoms"--i.e., overt acts of terrorism or criminality--on the other hand, and arguing that a problem can be solved only by removing the root causes. But this is incorrect. It's the effects--the acts of terrorism, the criminal offenses--that we care about, and often the effects can be eliminated at lower cost than the causes.
Tal como esbozaba al principio, creo que pueden hallarse otras dos líneas de pensamiento detrás de la vinculación que la izquierda hace entre pobreza y terrorismo, aparte la apuntada por Posner:
1. La cosmovisión izquierdista rechaza la idea de responsabilidad individual y proclama, en su lugar, la de responsabilidad social o colectiva. La causa profunda del crimen es la enfermedad social, no la voluntad del criminal. Esa idea ha arraigado profundamente en el imaginario colectivo.
2. Como se ha dicho, la izquierda profesa con verdadera fe el antioccidentalismo, inoculado a través de largos años de propaganda y de construcciones político - filosóficas nihilistas y negadoras de los valores de convivencia propios de la cultura occidental. La presunta relación entre terrorismo y pobreza, pues, es un asidero para quienes aún siguen anhelando, como en los tiempos de la antigua URSS, el fracaso del modo de vida del que, pese a todo, siguen participando.
Para Posner, en suma, siendo así que la pobreza no causa el terrorismo, tampoco la riqueza lo evita ni necesariamente lo reduce, y llama en auxilio de su tesis los ejemplos de Alemania, Italia, España, Japón, Estados Unidos y el Reino Unido. Si bien es cierto que la implantación del modo de vida occidental favorece el pensamiento libre y dificulta la implantación de las utopías colectivistas o religiosas que están en la base del terrorismo, también es cierto que los sistemas occidentales de garantías (la libertad de expresión y asociación) favorecen el establecimiento de grupos extremistas que son el germen de los comandos terroristas. Una vez más, en España tenemos el ejemplo: aunque la raíz del terrorismo de ETA, que es el independentismo vasco, permanecía intacta, larvada, durante los años posteriores a la Guerra Civil, e incluso ETA como tal cometió algunos actos terroristas todavía en tiempos de la dictadura franquista, fue después de la apertura democrática que siguió a la transición política cuando ETA pudo desarrollarse, fortalecerse y encontrar un abrigo seguro detrás del rehabilitado nacionalismo vasco del PNV y de Euzkadiko Ezkerra.
Pese a todo, aunque es cierto que el terrorismo no es consecuencia de la pobeza, sí creo, como Becker, que el crecimiento económico de los países puede ayudar a su erradicación. El terrorismo, cualquier terrorismo, es fundamentalista, es precisamente una reacción contra las tendencias cosmopolitas e individualistas que promueve la sociedad abierta, y se alza frente a ellas como última defensa de una visión elitista, mística, historicista, igualadora y tiránica de la sociedad. En ese sentido, bien podemos afirmar que Occidente es la causa del surgimiento de la reacción terrorista, pero también que lleva dentro de sí el antídoto perfecto.

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posted by Freelance at 11:21:00 a. m.