viernes, junio 03, 2005

Voces desde la Nueva Europa

Después que anteayer los holandeses, llamados a referendum, le metiesen otro puntapié al Tratado Constitucional Europeo, el parlamento letón ha votado a favor del mismo por abrumadora mayoría.
La votación del Parlamento de Letonia responde a las obvias presiones que el estamento político europeo siente ante el más que notorio rechazo de los ciudadanos franceses y holandeses. Es una actitud propia de recién llegados, de donde fueres haz como vieres, aunque en mi modesta opinión, yerra el parlamento de Letonia al acatar la postura oficial de la casta burocrática de Bruselas en vez de fijarse un poco en lo que han dicho los ciudadanos.
Uno que no se amilana es Vaclav Klaus, el veterano presidente checo, que nunca pierde la ocasión de demostrar su coraje y su liberalismo. Klaus ha establecido un paralelismo que puede parecer exagerado, pero que debe hacernos meditar, sobre todo teniendo en cuenta que procede de alguien que conoce bien el percal: la presión que los mandatarios están ejerciendo para forzar la ratificación del Tratado recuerda la que se llevaba a cabo en los países del Este antes de la demolición del Muro, cuando se intentaba "empujar y presionar al pueblo hacia los líderes". Sin embargo, para Klaus, es evidente que la distancia en Europa entre los políticos y los ciudadanos adquiere proporciones de verdadero abismo.
Klaus conoce bien lo que significa vivir bajo un Estado enorme, orgánico, inaccesible, burocratizado hasta el delirio, semejante a esas ficciones funcionariales que pintase Kafka en El Proceso. En su opinión, el Tratado nos conduce a eso, a una recreación miniada del Aparatchik donde el ciudadano y el poder público se encuentran cada uno en un extremo de una larguísima y sinuosa escalera. Hay que tener en cuenta que en Letonia, quienes lo han aprobado son precisamente quienes ocupan el lado más alto de esa escalera. En cuanto a los que estamos en el escalón más bajo, de momento sólo los españoles hemos elegido permanecer ahí: se conoce que no se nos cae el pelo de la dehesa ni termina de acallarse entre nosotros el eco ominoso y vergonzante del ¡vivan las caenas!.

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posted by Freelance at 10:24:00 a. m.