lunes, agosto 29, 2005

Manson y yo.

Pese a que es a mí a quien la DGT compara con Charles Manson por mi propensión a circular a más de 140 kilómetros por hora, si la Guardia Civil me sorprende un día superando los límites de velocidad, deseo de todo corazón que los agentes que me detengan no pertenezcan al Cuartel de Roquetas de Mar.
Dentro de sus habituales esquemas de ejercicio del poder, el PSOE y sus corifeos incluyen, con insólito desparpajo, la táctica de insultar de vez en cuando a los ciudadanos. No me refiero sólo a expresiones como aquella de Maruja Torres cuando nos llamaba hijos de puta a los votantes del Partido Popular, o a aquella otra del Gran Wyoming en que simplemente negaba legitimidad a los resultados electorales de ese partido. No, el PSOE insulta a la población, sin distingo de colores políticos, como estrategia de gobierno: baste el ejemplo tan reciente de la Ministra de Medio Ambiente, que lanzaba el otro día una acusación genérica e inconcreta contra todos los españoles (muy especialmente los gallegos), imputándonos la responsabilidad de los incendios forestales por omisión, cuando no por connivencia directa.

Sin embargo, donde se están convirtiendo en auténticos especialistas del menosprecio y la ofensa es en la Dirección General de Tráfico, dependiente del Ministerio de mi tocayo de apellido, José Antonio Alonso. No hace mucho lanzaron esa campaña del “No podemos conducir por ti” donde lo menos que cabe deducir es que consideran idiota al conjunto de la población rodante; no contentos con eso, ahora nos obsequian con esta nueva vuelta de tuerca de su campaña:


Me gustaría tomármelo a risa pero no puedo, estoy demasiado indignado. Si alguna vez me sorprenden violando sus absurdas y caprichosas normas, que me impongan la sanción que me corresponda, pero que no me juzguen moralmente y, sobre todo, que no me insulten.

Como muchos otros españoles, he realizado en las últimas semanas varios viajes por autopista a lo largo y ancho de nuestro país; mi velocidad de crucero ha sido, habitualmente, superior a los 140 kms/h, con frecuentes picos que superaban con holgura los 160, por carreteras amplias y, por lo general, poco transitadas. Conduzco un coche moderno, con un robusto bastidor, buenos frenos y potencia más que suficiente, que fue rigurosamente revisado en julio, poco antes de salir de vacaciones. Por otra parte, no es ocioso advertir que disfruto de una dilatada experiencia como conductor (obtuve mi licencia hace más de veinte años, y habré recorrido a estas alturas medio millón de kilómetros), tengo unas facultades físicas normales para un señor de mi edad y me cabe el orgullo de decir que soy un conductor excelente, hasta el punto que nunca he sufrido un percance mínimamente serio al volante. Afirmo que durante mis viajes por carretera, esos en los que con frecuencia supero los 140 kms/h, no represento un riesgo extraordinario (no mayor que el riesgo normal inherente a la conducción de automóviles) para la vida de nadie, mucho menos para la mía o las de mis pasajeros (mi mujer y mis hijos), preciosas para mí por encima de todo. Sin embargo, los mentecatos de la DGT se consideran con el derecho de compararme con Charles Manson. Para los lectores más jóvenes del Corner que tal vez no conozcan las siniestras hazañas de Manson, recordaré que este abyecto monstruo, seguidor de la religión satánica de Aleister Crowley, indujo la comisión de, al menos, 14 asesinatos, entre ellos el de la bella actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polansky, a quien los sicarios de Manson no sólo mutilaron y asesinaron, sino que la rajaron de arriba abajo para arrancarle el hijo que esperaba, infligiéndole por tanto el mayor sufrimiento que quepa imaginar, sólo comparable al que hayan podido causar ejemplares de bestiario como el Mariscal de Retz o Blad el Empalador. Pues con ese horrendo degenerado me comparan, con calumniosa irresponsabilidad, estos sinvergüenzas y paniaguados de la DGT; a mí, y probablemente a usted que lee este artículo.
Desde esta humilde, pero iracunda tribuna, exijo al miserable que haya aprobado la publicación de esta campaña inaceptable que, con las mismas, la retire de forma inmediata; y a sus superiores, que depuren responsabilidades con la celeridad que el caso requiere.

Con todo, este obsceno insulto, desproporcionado y grotesco, no sería tan escandaloso si no procediese del Ministerio de un Gobierno desempeñado por un partido cuyos cuadros y dirigentes aún no han dado explicaciones ni pedido perdón por la comisión de casi veinte asesinatos, así como muchos otros delitos, a través del grupo terrorista estatal conocido como GAL, organizado por destacados miembros del PSOE y financiado, para nuestra vergüenza, con dinero de todos. Sin embargo, son ellos quienes se permiten decir que soy yo quien tiene el mismo respeto por la vida que Manson, cuando a mí me parece que son ellos, y el partido al que pertenecen, los que se parecen, y además de una forma notable, a ese terrorífico criminal.

Y claro, no querría yo cerrar este airado comentario sin señalar que, si la Guardia Civil me sorprende un día superando los límites de velocidad y me detiene al borde de alguna carretera, deseo de todo corazón que los agentes que me detengan no pertenezcan al Cuartel de Roquetas de Mar ni a ningún otro de los muchos semejantes que, sin duda, avergüenzan con su presencia tantas poblaciones españolas. Porque entonces es muy probable que se sientan inclinados a impartirme algunas nociones básicas de respeto por la vida, cuyo desprecio compartimos, al parecer, Manson y yo.

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posted by Freelance at 7:05:00 p. m.