domingo, septiembre 11, 2005

Katrina y sus efectos secundarios

No gozo de contactos directos en la Secretaría de Estado americana. Tampoco almuerzo con congresistas, ni asisto a fiestas en D.C. en cuyos corrillos se dan y reciben verdaderas noticias de primera mano, o se difunden rumores a la velocidad de una centella. Mi "think tank" son dos compañeros que viven es EEUU ( uno de ellos, norteamericano; el segundo, alemán) que me dan una visión un poco más completa de lo que ocurre "a pie de calle". Opiniones, impresiones, pálpitos que, en contadas ocasiones traslado.
En una conversación a tres, nos declarabamos sinceramente aterrados por los resultados del Katrina. Toda catástrofe arroja imágenes de dolor y desesperación, pero las que se referíana esta catástrofe en concreto parecían haber sido especialmente seleccionadas. Hambre. Muertos tirados en la calle, torpemente cubiertos por un trapo. Saqueos. Asesinatos. Nos trasladaban a otras partes del mundo, desfavorecidas, continuamente azotadas por desgracias. No casaban con la imagen de Estados Unidos. En Centroeuropa, todos los años, en esta época, hay crecidas e inundaciones, terroríficas, con muertos y heridos, pero son - o son tratadas - tan asépticas que sólo parecen tener como efecto inclinar la balanza electoral en favor de uno u otro candidato. Las catástrofes asiáticas, como la del reciente tsunami, habían ofrecidas como una catástrofe, no como una revuelta social.
"¿Cómo es posible? ¿Cómo se puede entender que el Gigante Americano, el Gendarme del Universo, no sea capaz de cuidar de los suyos, y que los suyos se vean desvalidos, acudiendo a la misericordia de otras naciones?". Esa pregunta se repetía en nuestro grupo de tres, y se transmitía por los medios de comunicación. Recortes presupuestarios. Recursos destinados a la Guerra en Irak y no a preservar Louisiana. Futura recesión.
Mis contertulios virtuales indicaban que la gente común está estupefacta y herida. Saben que no son queridos extramuros de su tierra, y que la bandera de las barras y estrellas se dibuja como un elemento de agresión " a pesar de lo que hemos hecho, de la sangre americana que se ha derramado". No creen que la guerra sea o pueda ser un negocio de "las grandes corporaciones" ( Moore dixit), sino una obligación moral de los Estados Unidos, a quien otras naciones, y especialmente Europa, ha implorado ayuda cuando la ha necesitado. Y se le ha brindado. Pero ahora cala la idea la idea de "debemos arreglar nuestra casa antes de ayudar en casas ajenas", donde además no somos bien recibidos. El americano medio no quiere que se vuelva a ver a niños implorando agua y comida en su territorio. Hay que cerrar la puerta.
Como en la novela de Philip Roth, si Estados Unidos decide aislarse, habrá no pocos que se sientan satisfechos. De entrada, muchos americanos, cansados de ver como caen soldados en polvorientas calles de paises lejanos, rodeados por una población civil que oscila entre el odio y la indiferencia. Esos soldados estarían cerca, en la patria, velando por los suyos, ayudando a los suyos. Es indudable que los tradicionales enemigos de occidente ( "el Islam radical" o, si atendemos a Oriana Fallaci "todo el Islam"), considerarían esa actitud de EEUU como un triunfo que añadiría más ímpetu en sus pretensiones, que recaerían con más peso sobre todas esas naciones cercanas a su influencia ( o, incluso, ya cercadas por su influencia), entre las que, desde luego, está la comprensiva Unión Europea.
Ya hemos visto que ese Islam radical ( o ese "todo Islam") es muy persuasivo para obtener sus objetivos. "¿A quien mirará Francia, cuando necesite ayuda? ¿ A España, que ya ha dado muestras de ser un aliado desleal? ¿A un Ejercito Europeo, movido por presiones políticas que lo maniatan? ¿Quien querrá ayudar y convertirse, ipso facto, en nueva diana?"
La imagen de Estados Unidos, la que se está dando, como un gigante vencido al que mejor le valdría lamerse sus heridas dentro de sus propias fronteras queda muy bien en los progresistas telediarios de la Uno, o en Telecinco, en las cartas de Moore tiene sus efectos secundarios. Y puede que sólo los veamos los alarmistas de un lado y otro del océano.

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posted by Sr. X. at 6:51:00 p. m.