martes, septiembre 13, 2005

Más sobre el ghetto idiomático catalán.

Hace algunos meses publiqué en FC dos artículos en relación con la política de exclusión lingüística practicada por el gobierno de cataluña. En el primero se trataba un asunto semejante al que quiero tratar aquí; en el segundo intenté hacer un desarrollo algo más fundamentado de lo dicho en el primero y, sobre todo, traté de salir al paso de los comentarios posteados por algunos ofendidos lectores catalanistas.
Por desgracia, el problema no deja de estar de actualidad, y nuevas noticias casi cada semana así lo demuestran. Ayer leíamos en Bye bye Spain cómo el Govern planea endurecer las sanciones para los profesores de escuela que no impartan las clases en catalán. En la información recogida por Palacios, leemos cómo la Consejera de Educación de la Generalidad, en contestación al comentario de que, fuera de las clases, los niños catalanes utilizan generalmente el castellano, afirma, impertérrita, que
“Se tiene que potenciar la utilización del catalán entre los alumnos. Se les tiene que dar el conocimiento, como hace la escuela, pero también se tiene que promover que [el catalán] sea su lengua de uso común. Se pondrá en marcha un plan de actuaciones por consolidar y potenciar el uso del catalán a los centros educativos.”
Ignoro qué poderosos mecanismos de autoengaño pueden ocultar a cualquiera que lea ese límpido párrafo la materia radicalmente totalitaria de que está hecho. No contenta con forzar a los maestros a utilizar el catalán, pese al inconveniente manifiesto que eso significa para los alumnos y pese a representar un atentado a la libertad de los propios alumnos y, desde luego, de los profesores, la Consejera se siente incómoda con la posibilidad de que los alumnos hablen en castellano por los pasillos. Sólo una concepción enfermizamente tiránica de la acción de gobierno puede ser causante de ese malestar y de la solución propuesta para darle término.
Cataluña, el País Vasco y, recientemente, el extraño seudópodo gallego, es decir, Galeuska en pleno, corren desbocados hacia un futuro inmediato decididamente dictatorial, decididamente nazi, con comisarios lingüísticos en las oficinas y en los patios de las escuelas, y quien sabe si en las calles, en los hogares. Hablar castellano se convertirá en un fenómeno clandestino, en un símbolo de resistencia, en un acto heroico.
José María Aznar pronunció (parece que hace mil años) aquella tonta, melíflua y sin duda falsa sentencia de su catalán hablado en la intimidad; poco podía él, poco podía nadie prever que, en apenas ocho o nueve años, sería el castellano el que tendría que hablarse, en susurros, con el temor supersticioso de quien paladea un lenguaje prohibido, en las calles de una Barcelona sacada de una pesadilla de Orwell.
Cuánta pena. Cuánto asco.

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posted by Freelance at 8:48:00 p. m.