martes, octubre 11, 2005

Liberales ¿fascistas? Un gran artículo de Oliver Laufer

Siguiendo con el debate montado entorno al artículo titulado Tutti Fascisti! publicado en FC hace unos días, leemos en Laissez Faire un soberbio y documentadísimo artículo de Oliver Laufer en relación con el mismo asunto.
Decía Mark Twain aquello de "qué escritor más listo, piensa lo mismo que yo". La sentencia, que es sólo en parte humorística, resulta muy de aplicación al caso presente, con la salvedad que yo puedo pensar lo mismo que Oliver, pero difícilmente lo expresaría con tan lúcida contundencia. El artículo de Oliver desmonta, con datos históricos y fuentes inatacables, la estrategia que yo denunciaba en mi artículo anterior, esa por la cual las izquierdas pretenden hacer pasar a todo el que se les opone como un fascista, estableciendo la perversa premisa previa de que el fascismo y la izquierda son realidades diametralmente opuestas en el mundo de la política.
Los socialistas siempre tendrán encima el peso de su historia y sus cien millones de muertos, los fascistas tendrán también el peso de su historia, con sus sesenta millones de muertos. Mientras que los liberales fueron quienes acabaron con ambos regímenes. Porque un par de años antes de que cinco mil niños americanos se suicidaran en las playas de Normandía para salvar a Francia, Stalin y Hitler firmaban un tratado de paz. Derrotamos al socialismo y al fascismo, y somos llamados comunistas y fascistas a conveniencia. Somos la principal víctima de la guerra entre dos hermanos gemelos. Los extremos se tocan, y muchas veces mueren juntos. Pero esos extremos tienen en sus manos al arma más peligrosa de todas: la mentira. Y en ella se basa su balbuceo demagógico.
Por cierto que, para quien le interese mínimamente, el debate con Enrique Castro lo remató el propio Enrique con una especie de pataleta infantil titulada Haciendo "amigos" donde, procediendo como un muchacho de ocho años, se limita a reiterar su acusación recurrente (¡fascista, cuatroojos!) sin documentarla, probarla o mínimamente sustentarla con hechos de alguna índole. Como ya se le contestó sobradamente desde otros lugares (impagable la frase "eres más mendrugo que pellizcar cristales"), yo me inclino por el non bis in idem, por aquello de no dar más importancia a quien no la tiene en absoluto.
Lo dicho; prescindamos de la anécdota y quedémonos con la categoría. En ese terreno, el artículo de Oliver imparte un solemne y necesario magisterio.

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posted by Freelance at 5:09:00 p. m.