sábado, octubre 08, 2005

Tutti fascisti! Continuación de un diálogo con Enrique Castro.

Enrique Castro, del PSOE, es un practicante habitual de la estrategia estalinista de acusar de fascistas a todos aquellos que no piensan como él. En este post le doy réplica a la última de sus melonadas.
En los turbulentos años 50, en el Partido Comunista de Italia se acuñó una expresión (tutti fascisti!) que ha quedado como una especie de marca de fábrica del izquierdismo en todo el mundo, y que representa perfectamente esa especie de descalificación genérica que los izquierdistas hacen de cualquier forma de pensamiento o acción política que tenga la osadía de oponérseles (y de interponerse en su camino hacia su único y genuino objetivo: el poder). La táctica no dejaba de tener su miga, porque el fascismo y el nazismo no fueron, en modo alguno, erradicados de la faz de la tierra por obra y gracia del comunismo, sino que lo fueron gracias al esfuerzo militar de las grandes potencias anglosajonas: el Reino Unido y los Estados Unidos de Norteamérica, y en el nombre de los ideales individualistas y liberales encarnados por las mismas. El comunismo soviético, por su parte, después de rota su alianza estratégica con Hitler, aprovechó la progresiva debacle de las fuerzas del Eje para tratar de extender sus fronteras políticas desde el corazón mismo de Europa en Berlín, hasta los confines de Asia, para imponer, allí donde consolidó su influencia, un régimen de terror muy semejante en las formas y en el contenido a los regímenes de los derrotados Fascio, Reich e Imperio Nipón. La expresión tutti fascisti!, sin embargo, fue concebida e hizo fortuna entre los paniaguados de la KOMINTERN en Italia y se utilizó con frecuencia para desacreditar, del modo más paradójico, a los verdaderos vencedores de la guerra contra el fascismo. Desde entonces hasta hoy mismo, con machacona constancia, los izquierdistas nos siguen aplicando la tópica consigna a todos los que nos oponemos a las izquierdas desde cualquier posición, por escasamente fascista que sea e incluso cuando es manifiestamente antifascista, como es el caso del Liberalismo.

Quienes escribimos en Red Liberal somos víctimas propiciatorias de esa estrategia propagandística. En vano se buscará entre todas las decenas de bitácoras sindicadas en ese sitio, entre todos los centenares de artículos publicados en esas bitácoras, un solo renglón, una sola palabra dedicada al proselitismo de la herencia nazi, fascista o de ese hijuelo abortivo y más bien gilipollas que les salió a ambas, la dictadura de Franco; sin embargo, el recurso favorito de los bloggers de izquierdas cuando se refieren a Red Liberal en su conjunto sigue respondiendo a la añeja consigna del PCI: tutti fascisti!

Por mi parte, cuando leo en alguna bitácora de izquierdas la manida referencia a la presunta raigambre fascista de nuestro pensamiento, siempre hago lo mismo: le exijo al responsable de la invectiva que me saque un solo artículo de una sola bitácora de Red Liberal de donde pueda colegirse que su autor es un fascista; de lo contrario, queda demostrado como verdad objetiva que el que afirmó que somos unos fascistas es un embustero.

He empleado esa táctica últimamente con dos bloggers de izquierdas: con Royo-Villanova (que, después de mucho intentarlo, goza ahora de una efímera notoriedad gracias a Jiménez Losantos, a quien ha escogido como trampolín hacia la fama, lo mismo que escoge una garrapata el perro más gordo del lugar), y con Enrique Castro (que carece de fama de ningún género). Declaro con sorpresa que el resultado de mi campaña exigiendo a ambos una rectificación ha obtenido justamente el resultado contrario al que yo sospechaba: mientras que Royo, que va de comunista feroz y combativo, me presentó sus excusas (bien que tras muchos esfuerzos por mi parte) en los cabos finales del hilo que enlazo aquí, Castro, que va por la vida ofreciendo imagen de progre de estos del talante, la equidistancia y la sonrisa, escogió la vía de la contumacia en la mentira. Es a Castro, por tanto, a quien pretendo contestar aquí.

Este es el artículo a consecuencia del cual se produjo el hilo donde Castro nos arroja el anatema del tutti fascisti! y donde yo le demandé demostración o disculpas. A continuación puede leerse mi contestación a su última respuesta.

No-querido y, ahora, ya bastante despreciado Enrique Castro:

Son tantas las majaderías que dices en tu comentario último que, sinceramente, no sé por dónde empezar. Tal vez lo mejor será empezar diciendo que esta respuesta no te está realmente dedicada, porque es tal la magnitud de tu desconocimiento y de tu mezquina malicia, y ejercen tantas limitaciones intelectuales tanto el uno como la otra, que no creo que llegues siquiera a entenderme. La contestación, por tanto, aunque curse en segunda persona del singular, va dirigida más bien a los lectores de esta bitácora, para que de este modo comprueben (una vez más) el por qué de la absoluta inutilidad del PSOE para ejercer labores de gobierno, teniendo en cuenta la escasez racional y la inanidad ética de sus cuadros, entre los cuales tú, Castro, te cuentas.

Bien dice Revel que los hechos son reaccionarios. Por eso, pese a que yo te he exigido que fundes tus ridículas acusaciones con ejemplos reales, tú te limitas a repetir tu consigna,

(...) en Red liberal se inspiran en la ideología fascista para escribir (...)

sin aportar un solo dato, una sola demostración. Por tanto, no tengo más remedio que insistir en mi afirmación de que eres simple y llanamente un embustero. Piérdete en los circunloquios que quieras y vete por las ramas todo lo que te parezca, que la cuestión está bien clara: te desafío una vez más a que cites UN SOLO ARTÍCULO de UNA SOLA BITÁCORA sindicada en Red Liberal de donde pueda entenderse que su autor profesa la ideología fascista. Como esa tarea es imposible, reitero públicamente: Enrique Castro, eres un mentiroso, un demagogo y un manipulador.

Para más escarnecimiento de la verdad, tus acusaciones de fascismo vienen precedidas de un artículo donde, ni más ni menos, propugnas la censura de los contenidos publicados en Internet por personas que, por una u otra razón, eligen el anonimato y, de hecho, has eliminado de tu bitácora la posibilidad de comentar anónimamente. Ese es tu concepto de la libertad de expresión, esa que dices defender en el caso de las manifestaciones de homosexuales donde algunos individuos se dedican a mofarse de las creencias religiosas de los demás.

Pero entremos en la parte más divertida de tu comentario. Equivocarse es humano; insistir con contumacia en el error es propio ya de acémilas, y tu sorprendente e indocumentada intrusión en el mundo de la dogmática jurídica, pese a lo que yo te indicaba en mi comentario anterior, raya la tontuna patológica. Vamos a ver, mendrugo: el derecho de todos a que nadie haga mofa y escarnecimiento de sus creencias religiosas, como ya te dije con anterioridad, es Derecho positivo del Ordenamiento Jurídico español, no Derecho Canónico. El Derecho Canónico es el Derecho de la Iglesia Católica y, por tanto, quienes vivimos fuera de dicha Iglesia no podemos, bajo ningún concepto, entendernos concernidos por el mismo. Es simplemente una salvajada jurídica, merecedora de la carcajada y demostrativa de tu ignorancia, afirmar que el Derecho Canónico es supletorio de nuestro ordenamiento; lo correcto es afirmar que se trata de otro ordenamiento, regulador de una realidad social totalmente distinta de la nación española, como es la Iglesia Católica.

Es, sin embargo, el derecho positivo español el que, en la Constitución y en el Código Penal, protege jurisdiccionalmente el derecho a que las propias creencias y cultos no sean objeto de burlas y vejaciones. No es más que otra imbecilidad jurídica suponer que ese derecho limita o cortapisa la libertad de expresión. El ámbito de ejercicio de los propios derechos limita con el ámbito de extensión de los derechos de los demás y, así como yo, por ejemplo, estaría cometiendo un delito de injurias si dijese con publicidad que tú eres un gilipollas recalcitrante, los asistentes a esas manifestaciones ante las cuales tu pequeña alma de progre entra en fase de orgasmo ideológico cometen un delito del 525 Código Penal (ese mismo que tu conmilitón Belloc denominaba, con pedante grandilocuencia, el Código Penal de la Democracia, mientras los progretas como tú poníais los ojos en blanco) cuando vejan deliberadamente las creencias de los católicos. Me gustaría saber, por cierto, qué pensarías si los manifestantes, en vez de burlarse de los obispos y de la gente que va a misa los domingos, hiciesen público escarnio de la religión de la paz, o sea, el Islam en idioma del aliador de civilizaciones, y se tomasen a chirigota, qué sé yo, las amputaciones de manos, las lapidaciones de adúlteras, el burkha o la incitación a la jihad. Seguro que entonces la pequeña alma de progre se te encocoraba exigiendo respeto multicultural para las civilizaciones aliables y castigo para los fascistas irredentos que se burlan de ellas.

Sólo quiero añadir antes de terminar, como reflexión de índole general, que resulta aterrador ver cómo el partido responsable del gobierno de España está compuesto por individuos como este Enrique Castro que confunde Derecho Canónico con Ordenamiento español; que ignora completamente el significado de la palabra supletorio, más allá de que se trata del teléfono que la gente pone en el dormitorio; que considera que la libertad que, por ahora y por fortuna, impera en Internet es un peligro; y lo que es peor, que pese a su oceánica ignorancia multidisciplinar, se mete a farolero opinando de todo con la feliz despreocupación de un asno. En esto consistía la mamarrachada esa del talante, se conoce.

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posted by Freelance at 9:41:00 p. m.