martes, octubre 04, 2005

Vamos a darles con el boicot en la cabeza.

En el ecosistema capitalista, mal que les pese a sus detractores, la cúspide de la pirámide alimenticia la ocupa el consumidor, o sea, usted. A veces, se trata de recordárselo a algunos.
Publica el mítico Daniel Rodríguez Herrera en 1812 un comentario sobre la iniciativa puesta en marcha por Stop Nacionalismo para boicotear los productos de ciertas empresas catalanas que, pese a los precedentes, no han tenido empacho en apoyar de forma manifiesta el Proyecto de nuevo Estatut. (Encontraréis el enlace y la lista de empresas en el artículo de Daniel)
La gente que no somos de izquierdas no somos, tampoco, de agarrar una cacerola y salir a la calle a aporrearla con la mano del almirez, coreando consignas e incordiando el merecido descanso del respetable; mucho menos de apedrear escaparates, arrancar papeleras, destruir cajeros automáticos o incendiar sedes de partidos políticos, que son cosas más bien de izquierdas. Sin embargo, la gente que no somos de izquierdas sí tenemos una notoria capacidad para movilizarnos a través de una cosa que conocemos bien y por la que sentimos un gran respeto: el consumo. Pocas cosas hay más sencillas que determinar una decisión de compra en función de determinadas circunstancias políticas o de cualquier otra índole; al final, seguro que se encuentran en el mercado otras opciones de consumo semejantes donde no se den esas connotaciones molestas o negativas que inhiben la compra de ciertos productos. En eso ganamos por goleada a la progresía en pleno, que se pasa la vida abominando de las multinacionales y del american way of life pero luego no se apean de las Nike, el Big Mac, los Levy's y el Ford Focus; sin embargo, a la mayoría de personas de no-izquierdas, en vano nos buscarán en una sala de cine donde se proyecten películas de Almodóvar y difícilmente nos verán brindar con cava Freixenet. Como decía mi abuela, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Y como dice, en este caso, no mi abuela sino Daniel, este año hay aún más razones que el pasado para promover y apoyar el boicot contra los productos catalanes, concretamente los de esas empresas que han querido significarse arrimándose al sol que más calienta, el del naciente poder de los reyezuelos del mini Reichstag catalán, olvidando que, en materia empresarial, el sol que más calienta es el sol del mercado y del consumidor. Puede que sus lealtades lleven a esos empresarios al paraíso mercantilista del oligopolio en Cataluña, pero que sepan al menos que será a costa de sacrificar los ingresos procedentes del resto de España.
El ciudadano medio de no-izquierdas es, generalmente, un manso y resignado contribuyente que sólo aspira a que le dejen en paz y que ni por asomo se embarca en batallas campales ni en movimientos reivindicativos, pero que se siente realmente poderoso armado de un carrito de Hipercor y una tarjeta de crédito, gobernando con mano de hierro, desde su billetera, las cuentas de resultados de las grandes empresas. De lo que se trata es de dar rienda suelta a ese enorme poder y de golpear al estamento empresarial catalán, aspirantes al Olimpo del INI nacionalista, allí donde más les duele: en el bolsillo.

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posted by Freelance at 7:40:00 p. m.