miércoles, noviembre 02, 2005

La noche tarde de los muertos vivientes.

Últimamente estamos sufriendo el ataque de los muertos vivientes: políticos que parecían carne de toriles y que, merced a extraño sortilegio, se han alzado de la fosa para atormentarnos. El último zombi de la política española ha resultado ser Duran i Lleida.
Zapatero compareció a los días previos a las elecciones generales de marzo de 2004 con muy mal aspecto: las encuestas le daban perdedor por bastante diferencia ante un Partido Popular que había renunciado al liderazgo de Aznar y había sufrido una campaña de desgaste monstuosa a causa de la adhesión de su Gobierno a la campaña de liberación de Irak. Durante la larga campaña electoral, Zapatero había ido de error en metedura de pata, desde las "dos tardes" que Jordi Sevilla debía dedicar para proporcionarle cierta somera sabiduría económica hasta los abiertos menosprecios que sus propios correligionarios, con González y Bono a la cabeza, le dedicaban cada lunes y cada martes. Sin embargo, un espantoso atentado resucitó al muerto electoral y lo situó en posición de gobernar.
Incluso antes de eso, en Cataluña, otro cadáver ilustre, el de Maragall, político totalmente amortizado después de su salida del Ayuntamiento de Barcelona, fue sacado del féretro para figurar, como el Cid sobre el caballo, en la poltrona del Govern, aunque era Carod-Rovira quien manejaba al muñeco. El muerto, sin embargo, dio rápidamente señales de mejoría, y nos metió a todos con energía y entusiasmo poco comunes entre los habitantes del cementerio en el soberano follón en que ahora nos debatimos.
Hoy hemos asistido a la milagrosa resurrección de otro Lázaro de la política. Don Josep Antoni Duran i Lleida llegó a ser considerado por muchos como el hombre del PP en Cataluña, y se le tuvo como uno de los muñidores del pacto de legislatura entre Aznar y Pujol durante el fausto periodo 1996 - 2000. Con la designación de Artur Más como delfín del Virrey Pujol, Durán, eterno segundo del President, pareció llegado al final de su vida política. Pero hé aquí que hoy se ha sentido vivo de nuevo y, como un zombi de película, ha sacado la mano sarmentosa de debajo de la tierra. Con insólita violencia ha atacado a la COPE (que, hasta donde yo sé, no era el tema de conversación en el Parlamento en el día de hoy) e incluso ha calificado de mercenarios a sus profesionales. Claro, él, como muerto viviente de la política, ya no necesitará de salario alguno para mantener su existencia fantasmagórica y crepuscular, cosa que no puede decirse de los profesionales de la COPE, que deben cobrar dinero por su trabajo, mereciendo por ello el apelativo de mercenarios. Como una tarasca de feria, Durán ha destapado la caja de los truenos y ha dado rienda suelta al mismo odio que ya llevó a su jefe a privar a la COPE de un buen número de antenas en Cataluña, a la voz de "no vamos a conceder licencias para difundir mentiras". Fantasmal aparición donde las haya, por tanto, portadora de un viejo mensaje de rencor, de inquina y de venganza.
En todo caso, el susto que nos ha dado esta nueva resurrección milagrosa en el parlamento, si no tan nefasto como los dos anteriores, ha sido incluso más tétrico y espectacular. Cualquier día recibimos la noticia de que Arzalluz redivivo se apodera de nuevo del Euzkadi Buru-Batzar, que a Carrillo lo hacen otra vez Delegado del Gobierno en Madrid o que Franco, el mismo Franco, cruza de nuevo el Ebro, a lomos de un caballo de bronce, pegando tiros.

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posted by Freelance at 6:50:00 p. m.